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Leche, inflación y paro ganadero

“Bien haría la ‘segunda reforma agraria’ en facilitar mejoras en la productividad a partir de paquetes tecnológicos que vayan desde mejores pastos hasta el mejoramiento genético del ganado”.

Por Luis Miguel Castilla

Las disrupciones causadas por la guerra en Ucrania y su impacto adverso en los mercados globales de materias primas han disparado el precio del crudo y el trigo. En el Perú, el impacto de este shock sobre el bienestar de los consumidores es significativo, ya que el 50% de la canasta básica está compuesta por alimentos y combustibles, siendo la mayoría bienes importados. La inflación de los últimos 12 meses duplica el techo de la meta del BCR y es un evento de duración incierta. Agricultores y ganaderos también se están viendo afectados por el encarecimiento de los insumos que utilizan, especialmente los fertilizantes.

En este contexto, algunos gremios de productores con limitada representatividad quieren aprovechar esta situación para plantear una serie de pretensiones sin tomar en cuenta la eventual erosión de la capacidad adquisitiva de los consumidores. Un ejemplo de esto es el paro ganadero convocado para el martes 15 de marzo con el reclamo desproporcionado y antitécnico de que la industria incremente en 80% el precio de pago a ganaderos por litro de leche cruda (fresca). Esto es un contrasentido al hecho de que millones de familias piden a las autoridades que no se suba el precio de los alimentos y que la mayoría de empresas hace esfuerzos para mantenerlos estables.

El problema real no se soluciona aumentando el precio de la leche por decreto, más bien se afronta impulsado la mejora de la calidad y la productividad de miles de pequeños ganaderos lecheros. Esta cifra sorprende: de 450 mil ganaderos, menos de 30.000 venden su leche a la industria láctea. Así las cosas, exigir a la industria aumentos forzados solo beneficiaría a menos del 10% de ganaderos y perjudicaría a los consumidores, sobre todo a los segmentos más pobres. ¿Qué pasará con los miles de pequeños ganaderos que no pueden vender su leche cruda porque la calidad de esta no les alcanza para cumplir los estándares nacionales e internacionales? No les pasará nada. Seguirán con los mismos problemas y sin industria que les compre.

Si se suben precios de manera irreal, se termina perjudicando a toda la cadena de valor, en este caso, la lechera. Todos pierden. Desde el pequeño ganadero lácteo que no verá el aumento que, en el mejor de los casos, solo beneficiaría a los medianos y grandes ganaderos; hasta el ama de casa podría ver su leche evaporada de siempre por sobre los S/ 4 en el mercado. ¿Eso queremos?

El problema tampoco se soluciona prohibiendo o restringiendo el uso de la leche en polvo. Es leche 100% de vaca, a la que básicamente se le ha extraído el agua, que debe utilizarse ante la insuficiente oferta de leche cruda de alta calidad. La solución nuevamente va por impulsar la mejora de la productividad de los ganaderos locales. A mayor volumen de leche cruda de alta calidad, menor será el uso de la leche en polvo en ciertos productos lácteos.

Bien haría la “segunda reforma agraria” en facilitar mejoras en la productividad a partir de paquetes tecnológicos que vayan desde mejores pastos hasta el mejoramiento genético del ganado. Por el lado privado, existen programas de apoyo ya implementados por la industria, pero alcanzan a los ganaderos que forman parte de la cadena formal. Nuevamente, el 90% de los ganaderos lecheros no cuenta con el apoyo necesario. ¿No debería allí enfocarse el apoyo estatal considerando que esta crisis es coyuntural y producto de factores externos a la propia industria?

Este caso ilustra la manera cómo ciertos intereses se aferran a un Estado benefactor sin plantear soluciones de fondo. Un mayor proteccionismo o ceder ante medidas antitécnicas por presión de grupos movilizados han pasado una gran factura en el pasado. Ojalá no repitamos estos mismos errores y se siga perpetuando la baja productividad de un gran segmento de los ganaderos del país.