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Escalar la interculturalidad

“... resulta emblemático que la única prioridad presidencial ejecutada en política cultural sea cosmética”.

Por: Santiago Alfaro Rotondo, sociólogo por la PUCP.

En su discurso de asunción de mando, el presidente Pedro Castillo dijo que introduciría un “enfoque intercultural” en el Estado. Para eso prometió un plan de “transformación lingüística” de la gestión pública, el reconocimiento de las comunidades indígenas, la descentralización de la gestión cultural y la “reestructuración” del Ministerio de Cultura a través de su redenominación como Ministerio de las Culturas.

A siete meses de haberse iniciado su gobierno, de la lista indicada lo único que se ha sostenido en medio de la rotación de ministros y la crisis política endémica es el cambio de nombre del sector Cultura porque cuenta ya con un dictamen favorable de la Comisión de Cultura del Congreso de la República. En una administración donde la dinámica dominante no es la de emprender reformas y hacer política pública sino la de repartir cargos y sobrevivir al canibalismo político, resulta emblemático que la única prioridad presidencial ejecutada en política cultural sea cosmética. Solo con el nombre no se modifican instituciones.

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Sin embargo, a pesar que el principal valor del Ministerio de Cultura para el presidente sea el permitirle sellar alianzas partidarias, el espíritu de los lineamientos que trazó al inicio de su mandato ha encarnado bajo otras medidas. Durante la gestión de Gisela Ortiz, junto con la decisión de designar a Rocilda Nunta como la primera viceministra de origen indígena, se consiguió que el presupuesto del viceministerio de interculturalidad tenga una inédita ampliación para el 2022. Ello permitirá someter a consulta previa la Política Nacional de Pueblos Indígenas u Originarios e incrementar el número de gestores interculturales, una estrategia efectiva para expandir la capacidad operativa del Ministerio de Cultura.

Además, está por ser aprobada por el Ceplan la Política Nacional del Pueblo Afroperuano y ha sido lanzado el aplicativo Uyariy: servimos en nuestras lenguas, fuente de recursos para que los servidores públicos puedan comunicarse con los ciudadanos que hablan idiomas distintos al castellano. También se le ha dado una nueva prioridad a la lucha contra el racismo a través del servicio Orienta y viene apoyándose la campaña de vacunación a los pueblos indígenas, frenada por la desinformación propalada por líderes evangélicos.

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Todos estos avances son, igual, frágiles y limitados. En el informe de transferencia de Gisela Ortiz también se afirma que no se cuentan con recursos para identificar a la población indígena y la transformación de problemas públicos derivados de las desigualdades étnicas requieren de estrategias de mayor alcance y no solo basadas en el reconocimiento de la diversidad.

El destino de las políticas con enfoque intercultural es incierto con un ministro como Alejandro Salas. El riesgo del copamiento de puestos técnicos por recomendados es alto. La continuidad de la viceministra Nunta será un indicador del camino que se decida recorrer en un gobierno que prometió escalar la interculturalidad.