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Reducir riesgos y reparar daños

“La periodista Fowks compartió en redes sociales la denuncia de un nuevo derrame, esta vez de la empresa Savia en Talara”.

Repsol se ha vuelto un ejemplo claro del cinismo empresarial. La desprolijidad de sus acciones muestra su desprecio por la situación de miles de pescadores artesanales y la preocupación de millones de peruanos y peruanas que vemos cómo la mancha se expande y nuestro mar se daña.

Esta semana se sumaron más mentiras. A la famosa “equivocación” sobre el número de barriles de petróleo que se vertieron en el mar —miles más— se suman las declaraciones del capitán del Mare Doricum, buque italiano que transporta el crudo de petróleo. Su principal denuncia es que Repsol no habría actuado diligentemente en cuanto se produjo el derrame, pues se le habría señalado a la empresa que la barrera de contención del petróleo no tenía la longitud suficiente. Si lo que señala el capitán es cierto, Repsol pudo contener parte del daño y permitió que la mancha se expanda.

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¿Se imaginan a Repsol actuando así en la Costa del Sol en España? Yo no. No solo porque la empresa tiene capital ibérico y puede que le preocupe lo que pasa con los recursos naturales de su país, sino porque no se lo permitirían, ni la sociedad, ni sus autoridades, ni las normas vigentes. Lo más difícil de procesar de esta situación es que esta transnacional se comporta así en nuestro país porque nuestra legislación es laxa, muchas empresas operan con evaluaciones ambientales que hoy no pasarían el primer filtro de Senace, y aplicamos como sanciones algunas multas que no reparan el verdadero daño hecho a nuestros ecosistemas, a la economía de la gente del entorno que también se ve afectada y a nuestra propia recaudación fiscal.

La periodista Fowks compartió en redes sociales la denuncia de un nuevo derrame, esta vez de la empresa Savia en Talara. Como se ha recordado estos días, los derrames de petróleo, así como los desbordes de relaves no son, aunque duela, algo excepcional. Ocurren mucho, en la sierra y en la selva peruanas. Lo que a muchos les sorprende es que ese mismo nivel de descuido por parte de las empresas extractivas, así como de parálisis de las autoridades, se vea en la capital.

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No podemos permitir que siga pasando. Para eso hay que actuar y exigir que todas las autoridades cumplan con su responsabilidad. Tanto en la reparación del daño como en la prevención del riesgo. Y sobre esto último, aprovecho para recordar que aún está pendiente la sentencia sobre la acción de amparo que interpusimos contra la autorización del Ministerio de Energía y Minas a la empresa minera Ariana, que, como algunos recordarán, pretende instalar una presa de relaves a menos de 500 metros del túnel que trasporta agua para Lima. Muy cerca a una de las principales fuentes de agua de más de 10 millones de personas. Si un derrame en el mar ha causado este daño, ¿cuánto más causaría un desborde de relaves sobre la principal fuente de agua de Lima? Empecemos a reducir los riesgos, no solo multemos por parte de los daños.