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Dejando salir el dolor. La Ruta del Abuso

Testimonio. Periodista narra la angustiosa madrugada en la que inexplicablemente la policía y un fiscal allanaron violentamente el domicilio en donde actualmente vive.

Por Janett Talavera T.

Tres mujeres y tres niñas frente a un grupo de intrusos

Probablemente, algunos deben estar enterados de lo que me pasó o quizá solo supieron que el conocido periodista Pedro Salinas sufrió un allanamiento arbitrario y desmedido en su casa, en Mala, durante la madrugada del sábado 8 de enero.

Esa misma situación la viví al lado de mi menor hija y de otras personas ajenas totalmente a una investigación preliminar de la Fiscalía que me abrieron desde octubre —sin tener conocimiento de la misma— y que recién me notifican cerca a la Navidad.

Necesito soltar todo el dolor que esta situación me causó y que aún no me permite reaccionar del todo frente al abuso que se cometió contra mí, contra mi pequeña hijita de 11 años y contra personas a las que quiero muchísimo y a las que afecté sin querer, ni saber que algo así nos tocaría vivir juntas.

Hace un par de meses se inició la remodelación de mi departamento, que el padre de mi hija decidió realizar en beneficio de ella, que hasta la fecha dormía conmigo debido al deterioro de diversas áreas de mi vivienda, la misma que tiene casi 20 años de antigüedad y que no habíamos arreglado hasta la fecha.

Ante ello y con la intención de ahorrar en un alquiler, decidí pedirle a una de mis mejores amigas que vive sola con sus dos menores hijas, que me acogiera mientras terminaban los trabajos en mi depa. Ella aceptó. Aceptó porque tiene un corazón enorme y me lo ha ratificado en todo este difícil momento en la que se vio involucrada sin tener absolutamente nada que ver.

Somos mujeres solas con niñas menores de entre 8 a 12 años, tres niñas hermosas que dormían tranquilamente junto a la madre de mi amiga, una adulta mayor que es hipertensa y a la que tuvieron que asistir porque se ahogaba de la impresión.

Golpes de puño y patada tocaban la puerta, pasada las 4:00 a.m. gritando “abran la puerta, abran la puerta”. Pensamos mil cosas… que eran ladrones, que una turba se había metido. Bajamos desde los dormitorios con el corazón en la mano y con la mayor desesperación por estar solas, pero con el firme convencimiento de que debíamos proteger a nuestras niñitas.

Cuando mi amiga preguntó quién golpeaba así, dijeron recién que tenían una orden judicial de allanamiento contra Janett Talavera y que abra inmediatamente o tirarían la puerta, mi amiga me miró confundida, yo que algo conozco de estos procedimientos (cerca de ocho años y tres fiscales de la nación en las oficinas de imagen del Ministerio Público) asentí con la cabeza, para que abriera.

Yo seguía sin entender qué estaba pasando, impactada de la escena, mi amiga se quejó de la cantidad de gente que entró (entre 12 a 15 personas) sin ningún distanciamiento ni protocolos sanitarios por el Covid-19. El fiscal Vidal se presentó y me dijo que no tocara nada que tenían una notificación judicial. Pensamos en las niñas llorando y asustadas y gracias a Dios, los buenos vecinos de mi amiga se portaron con una sensibilidad, solidaridad y humanidad que nunca hubiera esperado.

Una de las vecinas se llevó a las niñas, la menor de 8 años, se fue durmiendo y cargada en brazos de la vecina. Su madre, mi amiga, que no estaba comprendida en la investigación, ni siquiera pudo llevar a sus hijas, no la dejaron salir. La abuela, muy impactada y con un riesgo total de sufrir cualquier colapso emocional por su hipertensión y diabetes, también se fue con la vecina.

Nos quedamos las dos solas con ese número inmenso de policías y dos fiscales. Pensaba solo en las niñas, en qué estarían pensando. Qué estaría pasando por la cabeza de mi pequeña hija quien siempre escuchó a su madre del trabajo arduo de un equipo de fiscales luchando contra la corrupción en los casos más grandes de la historia judicial peruana. Qué pensaría, que pudiera estar pensando sobre su madre que siempre le pidió que nunca se contamine con la corrupción del mundo, con las maldades de la humanidad y las miserias de muchos seres humanos.

Recuerdo cuando una vez le dije: “mi amor, los verdaderos héroes son aquellos en los que la bondad y valores persisten a pesar de sufrir tanta maldad, difamación, presiones, mentiras, acoso. Si tú algún día —Dios no lo quiera— te toca vivir en medio de odiadores, mientras no te contamines y tu bondad no se pierda, la humanidad subsistirá y ello es lo que hace a una persona un verdadero héroe”.

Mientras los policías y fiscal me rodeaban, pensaba en tantas cosas. Tenía mucha impotencia y el pedido del fiscal para firmar la notificación de allanamiento me hizo volver a la realidad después de abstraerme unos segundos. Le dije que primero lo leería antes de firmarlo.

Al leerlo mi mente seguía divagando en mil cosas que habían pasado previamente. No pasaba de la segunda página y me dijeron de manera muy agresiva que ya lo firme porque debían empezar y le dije que no podía firmar algo que no había leído. Le reclamé que no tenía un abogado. Me seguía apurando que firmara. Yo seguía alegando que no podía estar haciéndome eso, que era un abuso. Él insistía que firme.

Finalmente, levantó la voz y dijo: a ver pongan en el acta que la señora Talavera se niega a firmar la notificación. Le dije que lo estaba leyendo y no que me estaba negando. Luego preguntaron por la habitación donde dormía y subieron, revisaron hasta debajo del colchón y no entendía que estaban buscando ni me lo explicaban, solo atinaron a decir que buscaban documentos.

Cogieron mi celular y el de mi hija y les dije que por favor necesitaba llamar a un abogado o a alguien que me oriente sobre lo que estaba pasando. Pero no me dejaron, a mi insistencia dejaron que saque el número de celular de mi padre para llamarlo. Me quitaron el móvil y la laptop, pese que la misma fue adquirida en 2020 (fuera de la fecha de investigación) y no me pertenece, pero la usaba para el trabajo remoto pues yo no tengo laptop.

Revisaron la laptop de mi hija y su celular, que le habíamos comprado recién en Navidad. Buscaban con palabras claves. Luego revisaron las laptops de las hijas menores de mi amiga y su celular. Allí introdujeron una nueva palabra clave que me llamó la atención y pregunté a qué se debía que la incluyeran. Me respondieron escuetamente.

Lo cierto es que el acta fiscal levantada dice lo que era obvio: no encontraron nada vinculado a la investigación, pero me quitaron mi celular y mi laptop. Me mantuve serena todo el tiempo, pero al preguntar mi hijita, no resistí más y me quebré cuando llegó el padre de mi pequeña. Él y mi amiga me dijeron que no lloré y me contuve. Me he contenido y no he llorado, lo tengo contenido dentro.

Fiscal Reynaldo Abia. (Foto: Ministerio Público). Publicado en IDL_Reporteros

A mitad de la diligencia anunciaron que estaba haciendo ingreso el fiscal provincial provisional, Reynaldo Abia, quien me conoce. Al mirarme desde la puerta me dijo: Hola Janett. Le respondí: Doctor usted me conoce, por qué me están haciendo esto. Pidió hablar conmigo, previa desinfección que le hizo mi amiga. Lo que me dijo me dejó más confundida.

Algunas personas que me tienen aprecio, me dicen que no diga que esto me ha afectado. Lo digo con total honestidad y humildad, porque así me siento. Esto me ha dolido en el alma. Quienes me conocen saben que mi vida nunca fue fácil, crecí sin mis padres, con mucho esfuerzo propio estudié becada, mi infancia y adolescencia estuvieron marcadas por un sentimiento de abandono de mis padres y una soledad inmensa. Salí adelante, prácticamente sola. Luego me he reencontrado con mis padres y no los juzgo, ellos también la pasaron mal y los quiero muchísimo.

Es necesario que se sepa, que me hicieron reglaje, cual si fuera ‘la reina del sur’ o personaje mafioso similar, dedicaron los máximos esfuerzos a observar mis actividades. Me sobrecoge el corazón que mi hijita esté en esas imágenes, porque salía con ella siempre, principalmente.

Pero, me llaman la atención dos hechos puntuales cercanos al suceso. Días antes llegó un patrullero al condominio de mi amiga e ingresaron tocando puerta por puerta preguntando quiénes vivían pues, supuestamente, habían recibido una llamada de la línea 100 por un presunto caso de violencia familiar.

Horas antes del allanamiento, además, llegó a casa de mi amiga un arreglo floral con una nota que decía: ‘De tu admirador secreto. P.D.- Espero que te guste’.

Las breves horas del ‘regalito’ pensé siempre que se trataba de una broma de mi amiga. Claro, no fue ella ni nadie. Ahora entendemos que ambos hechos los hicieron para comprobar que aún no me había retirado de su casa y para averiguar el número de departamento.

Pienso en todo ello y cómo no noté todas esas señales. Como les comento a quienes les he contado lo que viví, no tengo mente de criminal. Nunca pensé que un caso que tengo clarísimo y que muchos que actualmente trabajan en la Fiscalía y fuera de ella, saben cómo sucedió, desencadenaría en este hecho abusivo y desproporcionado.

A veces pienso, si aquellas personas que hoy trabajan en la Fiscalía y saben lo que me ha sucedido, no tienen un poquito de remordimiento de consciencia siendo testigos de mi mínima participación en este hecho administrativo.

Pero, no dejaré de ser quien soy por el uso abusivo del poder de algunas personas, por la mala entraña de muchos que quizá esbozaron una sonrisa con la desgracia de una inocente. No les deseo mal alguno ni menos soy una persona vengativa. No me dejo contaminar por las miserias de otros. Seguiré firme en mi esencia, los que realmente me conocen saben lo que soy.

Gracias a aquellos periodistas que levantaron la voz de protesta. El 80% de conversaciones que hay en mi celular son con periodistas, ahora expuestos por esta desmedida incautación.

Mi agradecimiento infinito a cada una de las personas que han estado pendientes y preocupadas por mi situación. Nunca me alcanzara la vida para agradecer. Gracias a Dios que en la vida nunca me ha abandonado.