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Golpe de Estado permanente (1)

“El elemento más crítico del sistema político es la forma de gobierno que, en el Perú, es el presidencialismo parlamentarizado”.

Desde julio del 2016, el Perú vive bajo la amenaza de golpe de Estado permanente. Hay diversos actores que lo buscan y lo impulsan, hay instituciones que lo permiten y hay factores estructurales que lo alimentan. ¿Cuáles son los actores golpistas? En primer lugar, KF y el fujimorismo que se niegan a aceptar su derrota electoral en el 2016 y en el 2021. En segundo lugar, los “partidos” de ultraderecha que rechazan a un presidente de la república que representa a los sectores sociales y culturales que siempre despreciaron y discriminaron. En tercer lugar, la prensa concentrada liderada por El Comercio que busca someter a Castillo a la férula neoliberal y que exige la entrega de la torta publicitaria del Estado que (cree) le pertenece.

En cuarto lugar, algunos “partidos” de la centro-derecha se suman al golpe. En este caso, la responsabilidad principal es de Cerrón y de Castillo que, con su maximalismo de primera hora, regalaron el centro-derecha a la ultraderecha. Dadas su inexperiencia y su debilidad, Castillo estaba y está obligado a organizar una colación de izquierda-centro para hacer viable un gobierno de cambios y neutralizar los factores institucionales y estructurales que favorecen el golpe.

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Los golpistas son un factor necesario, pero no suficiente para que se produzca un golpe de Estado. Para que este suceda se requiere que las instituciones políticas lo permitan. ¿Qué instituciones políticas? Todas las reglas de juego, las normas, las leyes, la Constitución que han sido mal diseñadas y que atentan contra el buen funcionamiento del sistema político (sistema electoral, partidos y formas de gobierno), del Estado y del régimen político. Por ahora voy a referirme solo a los componentes del sistema político.

El sistema electoral impide a los ciudadanos renovar las dirigencias agotadas de los partidos a través de las elecciones primarias, desconoce la representación política de las etnias culturales, niega la representación nacional a las regiones a través del Senado, favorece la formación de un gobierno dividido debido a la elección simultánea del presidente de la república y del Congreso, niega la renovación parcial del Congreso, etc.

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El sistema de partidos ya no existe. El Perú vive una crisis de representación radical: los partidos históricos han desaparecido y solo existen los “partidos” con dueño. Llamar partidos a estas empresas políticas privadas es un abuso del lenguaje. Los “partidos” de ultraderecha, derecha, centro e izquierda están, además, escandalosamente fragmentados. Esto lleva al caudillismo e impide la formación de coaliciones dentro del mismo espacio político y entre los espacios políticos. Se requiere urgente una ley de partidos que ayude a resolver la crisis de representación y que impida la mercantilización de la política.

El elemento más crítico del sistema político es la forma de gobierno que, en el Perú, es el presidencialismo parlamentarizado. El pésimo diseño del presidencialismo parlamentarizado es el motor del golpe. Volvemos.