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El desastre no se anuncia

La explosión del volcán submarino Hunga-Tonga puso en evidencia las carencias en gestión de riesgos.

Una alerta de tsunami que encendió las alarmas en toda la costa del Pacífico fue desatendida en el Perú. Primero se negó su existencia y una vez que se dieron los primeros incidentes en las playas, se desató una serie de avances y retrocesos que lo único que dejaron en claro es que la gestión de riesgos de desastres en el país son más siglas que realidad.

En medio del caos de la información que llegaba del exterior, dotada además de videos que demostraban lo dantesco de la erupción volcánica ocurrida a miles de kilómetros de nuestras costas, en la lejana isla de Tonga, acá se negó la existencia del peligro y una vez que los daños materiales y humanos eran imposibles de ocultar, se emitió una serie de comunicados que buscaban como único objetivo zafar de la responsabilidad.

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Tenemos la ley 29664 que crea el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (GRD) considerado un proceso social “cuyo fin último es la prevención, la reducción y el control permanente de los factores de riesgo de desastre en la sociedad, así como la adecuada preparación y respuesta ante situaciones de desastre...”. Es también una política de Estado, con el n.° 32 en el Acuerdo Nacional.

Para operativizar el sistema existe una serie de organismos cuyos objetivos giran alrededor de los procesos de la GRD: estimación, prevención y reducción del riesgo, además la preparación, respuesta, rehabilitación y reconstrucción. Entre los responsables de estos procesos están el Cenepred, el Indeci, la Marina, y por lo menos cien alcaldes costeros que bien pudieron alertar del peligro. Uno de ellos, ante la duda del fenómeno, decidió retirar a la gente de la playa para evitar cualquier problema. Los otros noventa y nueve no hicieron nada. En la playa de Naylamp fallecieron dos mujeres por el fuerte oleaje.

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Demás está decir que nuestro país está siempre a expensas de cualquier desastre, provocado por la propia naturaleza o por la mano del hombre, que ha hecho muy poco para proteger el ecosistema. De ahí la frase acuñada por los especialistas de la GRD: “Los desastres no son naturales”, porque ejemplifican muy bien la cadena de tragedias que se desencadenan luego de los sismos, las avalanchas, las inundaciones, producto de la inexperiencia, la falta de planificación y la desatención.

La lejana Tonga nos mostró nuestra vulnerabilidad ante los desastres y nos obliga a tomar medidas. Sistemas, planes, siglas son vacíos si ante cualquier eventualidad se producen estos desencuentros. Urgen medidas correctivas.