Maite Vizcarra

Maite Vizcarra

Hacker cívico
Autodidacta. Colecciono saberes y tiendo puentes para beneficio de todos. Experta en innovación tecnológica y digitalización. Catedrática en escuela de gobierno en Perú (USMP) y España (Fundación Ortega y Gasset). Bach. en cultura y sociedad, U. de Oslo. Maestría en Economía por la U. de Barcelona. Conductora de los programas Ruta CTi y 4D en RTV.

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El ITP y la meritocracia

“Con subidas y bajadas, el ITP ha sido un estandarte de vanguardia en la burocracia local y ha conseguido niveles óptimos de ejecución sostenida los últimos años”.

Los manuales de buenas prácticas impulsan la meritocracia como mecanismo para lograr la ejecución de políticas públicas adecuadas con base en la atracción de personas expertas. Esa situación garantiza que nuestros impuestos y el bienestar de todos se consigan, cuando delegamos en quienes nos representan la responsabilidad de escoger gestores idóneos.

Esta situación se puede explicar a través de la llamada “teoría de la agencia”, en la que los dueños de una organización —los llamados principales— contratan a terceros —los agentes— para que garanticen la buena marcha de la empresa, dado que esa tarea demanda conocimientos o experiencias ad hoc.

También los ciudadanos somos “principales” de cómo funciona el Estado y su administración pública, y por ello delegamos en quienes escogemos vía sufragio (agentes) la escogencia de personas idóneas para lograr el mayor bienestar posible vía la burocracia.

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Con mayor razón estamos llamados a ejercitar la rendición de cuentas (accountability) cuando la meritocracia es garantía de la modernidad, sobre la que reposa la consecución de metas nacionales trascendentes, digamos la diversificación productiva.

Hablemos ahora del Instituto Tecnológico de la Producción–ITP, que desde 2013 asumió la administración nacional de los Centros de Innovación Tecnológica–CITE. Los CITE son críticos para aumentar la productividad en el Perú, por eso cuentan con una amplia dotación de recursos y capilaridad nacional. Y por ello mismo son una tentación de agendas oportunistas que se desvían de criterios técnicos.

Con subidas y bajadas, el ITP ha sido un estandarte de vanguardia en la burocracia local y ha conseguido niveles óptimos de ejecución sostenida los últimos años. He tenido la suerte de formar parte de su Consejo Directivo y me consta de primera mano el intenso proceso de modernización que viene mostrando desde 2019.

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Por ello, es importante recordar de nuevo el valor de la meritocracia y el mandato que existe en esos “agentes” que hemos colocado en ministerios e incluso en la presidencia de la república para que nos sigan asegurando que islas de eficiencia como el ITP seguirán existiendo con base en su carácter altamente especializado y no otras historias.