Eduardo Villanueva Mansilla

Eduardo Villanueva Mansilla

Voluntad digital
Profesor principal del departamento de Comunicaciones de la PUCP. Investiga sobre política y desigualdades digitales, y el contacto de estas con prácticas de la cultura digital, desde memes hasta TikTok.

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La democracia Potemkin

“¿Los ganadores? Universidades bamba, educación antiderechos, maestros sin evaluaciones; transportistas libres de cualquier control, minería informal apañada...”.

Cuenta la leyenda que en 1787 la emperatriz Catalina la Grande de Rusia fue engañada por su favorito, el príncipe Potemkin, quien construyó pueblos que solo eran fachadas para impresionarla con su labor como gobernador de la región. Un “pueblo Potemkin” es desde ese entonces una manera de calificar algo que pretende ser cierto, pero que solo existe como fachada, como ilusión, para engañar a los desavisados.

Las medidas parlamentarias recientes están regalándonos una democracia Potemkin. Pura fachada institucional detrás de la cual solo hay conveniencia privada mediante arreglos bajo la mesa. No se trata de un cambio para mejorar la democracia, sino para facilitar la derrota del proyecto político en el Ejecutivo y, al mismo tiempo, hacer más fácil la protección y promoción de ciertos intereses privados.

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Recordemos la indignación y el escándalo ante la idea de cambiar la Constitución que provino de la prensa de derecha, de los representantes de la economía favorecida por el modelo, y ciertamente de los fujimoristas y demás miembros de la coalición oportunista de defensa de intereses que llamamos generosamente mayoría parlamentaria. Esta coalición ha pretendido que estos cambios bajo la manga son defensa de la democracia, pero en realidad son apenas un ejercicio tosco de poder. Los demócratas Potemkin construyen la escenografía, pero dejan el páramo detrás.

¿Los ganadores? Universidades bamba, educación antiderechos, maestros sin evaluaciones, por “los estudiantes”; transportistas libres de cualquier control, minería informal apañada, desaparición de controles ambientales, nutricionales, sanitarios o igualitarios en cualquier actividad económica, porque “crean trabajo”; libertad completa de bancos y empresas de salud para cobrar lo que quieran y servir lo menos que puedan, porque “el libre mercado es mejor”. Nada que se parezca a construcción de institucionalidad, de Estado al servicio de la gente, de reconocimiento de las inmensas desigualdades que atraviesan nuestro país.

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Se disfraza todo de patriotismo, de anticomunismo, pero se le quitará poderes al Ejecutivo para favorecer la colusión de intereses. Quizás aprendieron la lección: el exceso de descaro, que encumbró a Merino de presidente ínfimo por una semana, no es el camino. Mejor en la sombra, donde las indignaciones no se convierten en acción. Pero cuando el Ejecutivo garantice todo lo que gusta a los varios intereses que se expresan en el Congreso, será premiado con el regreso al presidencialismo más enérgico.

Nuestra democracia Potemkin, cual fachada de universidad bamba, es el gran logro de la legión de demócratas Potemkin, para los cuales el Perú no es más grande que sus propios intereses.