Rosa Palacios

Rosa María Palacios

Contracandela
Lima, 1963. Abogada por la PUCP y Máster en Jurisprudencia Comparada por la Universidad de Texas en Austin. Su área de especialización es el periodismo político y divulgación jurídica con más de veinte años de experiencia en televisión, radio y prensa escrita. Es docente de la PUCP en la facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación.

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Nada nuevo bajo el sol

“Toda vacancia express es una solución política. Es decir, de fuerza y poder. En resumen, el Perú ha modernizado su tradicional golpe de Estado...”.

El 6 de enero pasado se conmemoró el primer año del asalto al Capitolio de los Estados Unidos con un trágico saldo de cinco fallecidos. Se trata del país que inventó la forma de gobierno presidencial que más ha hecho por promover la democracia y que, pese a divisiones y guerras, tiene un calendario electoral que cumple cada cuatro años, desde su independencia, sin omisión alguna. Nada más alejado de su Constitución y su democracia que una turba enloquecida corriendo por oficinas y pasillos del Parlamento buscando tomar el poder por la fuerza. Un acto moderno de sedición, sin sentido alguno y destinado al repudio y al inmediato fracaso, pero que tuvo como autor intelectual al candidato perdedor.

El presidente Biden no ha silenciado la fecha. Todo lo contrario. En un discurso feroz contra Donald Trump (a quien no nombra) recuerda a sus ciudadanos que: “Un expresidente de los Estados Unidos ha creado una red de mentiras sobre las elecciones. Lo ha hecho porque valora su poder sobre los principios. Porque ve su propio interés como más importante que el de su país. Y porque su ego herido le importa más que nuestra democracia o nuestra Constitución. No puede aceptar que perdió”. Para cualquier país resulta trágico perder la forma democrática de gobierno. Más aún para un país con instituciones sólidas. Pero lo admirable de los Estados Unidos y lo que le permite diferenciarse es que esas mismas instituciones (sobre todo su sistema de justicia) son las que le permiten prevalecer, pese a toda amenaza.

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¿Algo que aprender? Nuestra historia reciente es un espejo donde la perdedora arrastró a medio país en una mentira. ¿Por qué? La explicación de Biden le calza como un guante. La diferencia está en que hoy los hechos de junio y julio del 2021 ya están silenciados. Como se ha silenciado el golpe de Estado de noviembre del 2020. Nadie va a ser juzgado; nadie, acusado.

Nuestra historia republicana ha tenido poca democracia y mucho golpe de Estado, militarismo y autoritarismo. Cuando en los siglos XIX y XX, el presidente no gustaba a un grupo crítico, se organizaba un golpe. Los derrocados eran, por lo general, deportados. No han faltado en 200 años los fusilados y muy pocas veces los intentos de juicio bajo dictaduras militares. Pero en líneas generales, de lo que se trataba era de desaparecer al adversario. La solución siempre fue política y no jurídica.

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García fue el primer presidente constitucional en la historia del Perú acusado por un Congreso democrático en 1991. Fujimori fue el segundo en el 2001. Ambos reaccionaron de la forma tradicional, recurriendo al exilio, como luego lo haría Toledo. Pero luego de varios casos de graves violaciones de derechos humanos y gran corrupción transnacional (Lava Jato) Latinoamérica cambió. La política se judicializó y al principio pareció un buen camino. Pero la justicia peruana no ha traído a la política sus mejores armas: predictibilidad, legalidad, proporcionalidad, celeridad, inmediatez. Trajo las peores: arbitrariedad, ambigüedad, lentitud absoluta, desproporción, falta de tipicidad. ¿Cuál fue el resultado? No solo se judicializó la política. Lo que es catastrófico es que se politizó la justicia.

Una justicia politizada ya no puede juzgar al poder porque no es imparcial. Nuestra democracia está en crisis no solo por un Ejecutivo y un Congreso débiles y enfrentados. Está también en crisis porque ambos poderes han tenido éxito en instrumentalizar el sistema de justicia. Los atentados a la democracia que tienen respaldo político no se mencionan mientras que los expresidentes más débiles, Humala, Kuczynski o Vizcarra, ya están condenados a una muerte lenta sin sentencia a la vista que celebran con frenesí sus enemigos políticos. El destino de Castillo parece estar cantado. Los falsos demócratas lo van a lograr. Tarde o temprano lo van a vacar. Es verdad que el presidente ayuda dando harto material. Pero cuando les digan que es una “solución jurídica y democrática” tengan en claro que no lo es. Toda vacancia express es una solución política. Es decir, de fuerza y poder. En resumen, el Perú ha modernizado su tradicional golpe de Estado. Nada nuevo bajo el sol.

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