Antonio  Zapata

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Historiador, especializado en historia política contemporánea. Aficionado al tenis e hincha del Muni.

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Ómicron: ¿anticipo del final?

“La COVID es la primera experiencia histórica con vacunación masiva de la población mundial. Ellas sin duda han reducido el número de víctimas en forma significativa...”.

Las epidemias son hechos históricos de enorme influencia en la vida humana. Como tales, han convocado la atención de estudiosos que han seguido su proceso, cuándo comienzan, cómo se desarrollan y finalmente cómo terminan, porque ninguna se ha eternizado. Dos años después del comienzo del COVID, la gente está agotada y se pregunta si terminará el año entrante. Es la gran duda de este año nuevo. Del estudio de anteriores epidemias queda claro que terminan cuando el agente causante del mal se debilita por sí mismo. En el pasado, la población mundial estaba aislada en bolsones y la enfermedad viajaba haciendo estragos, hasta que los sobrevivientes desarrollaban defensas suficientes para vencer la enfermedad.

Ahora bien, los periodistas especializados en COVID informan que la variante ómicron es altamente contagiosa pero aparentemente menos letal. Si esta tendencia se confirma, ómicron sería semejante a la fase final de la anterior pandemia mundial, que fue la mal llamada “gripe española” de 1918. En ese entonces, los últimos ramalazos se produjeron tres años después de su estallido y fueron nuevos brotes que extinguieron sin arrasar con las poblaciones como los años anteriores. Si es así, ómicron podría significar el inicio del declive del poder letal del coronavirus del COVID.

Pero hay una duda sobre cómo se procesa este debilitamiento del agente de las enfermedades. Haciendo un balance de anteriores epidemias, se tiene que este tipo de grandes eventos siempre liquidaba un porcentaje elevado de la población. En esta ocasión no ha sido así. Comparemos. Cien años atrás, cuando la gripe española, la población mundial era cuatro veces menor que la actual y la enfermedad eliminó unos cincuenta millones de habitantes. Mientras que hoy los muertos por COVID superan seis millones.

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A qué se debe esta disminución de la mortalidad relativa y cuáles son sus consecuencias. En primer lugar, la ciencia conoce mucho mejor las enfermedades epidémicas y las medidas adoptadas por las autoridades funcionan y tienen credibilidad, a pesar del uso político mal intencionado que hemos visto en la campaña electoral. Las mascarillas, el distanciamiento social y la máxima ventilación previenen y salvan vidas. Cuando son posibles de ser cumplidos, incluso los confinamientos masivos son útiles, como muestra la experiencia china.

Por su lado, debemos considerar a las vacunas. El COVID es la primera experiencia histórica con vacunación masiva de la población mundial. Ellas sin duda han reducido el número de víctimas en forma significativa y son altamente bienvenidas, pero, como sabemos, su distribución a nivel mundial ha sido muy desigual y un porcentaje grande de la humanidad no está vacunado. La increíble codicia de las farmacéuticas ha impedido el levantamiento de las patentes y la distribución mundial gratuita.

Además, el grupo de no vacunados se ha incrementado por una oposición de corte ideológico fundamentalista, sobre todo en países desarrollados. Por ello, en la suma de ambos sectores de no vacunados pueden mutar nuevas cepas más agresivas. Ninguna pandemia en la historia ha sido combatida con una vacunación masiva. Es una innovación crucial, pero somos parte del experimento y no sabemos el resultado.

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Así, hay dudas sobre la posible pérdida progresiva de virulencia de las nuevas variantes del COVID. Como vemos, en todas las grandes epidemias anteriores –pasado cierto tiempo– la gente desarrollaba defensas y las nuevas variantes perdían poder. Pero el COVID podría cambiar las tendencias y completar su naturaleza como fenómeno excepcional.

Ante ello lo único claro es que 2022 será año de definiciones. Al menos se reducirá la incertidumbre. El COVID se apaga este año o promete durar mucho. Puede parecer consuelo de tontos, pero bien mirado, saber a qué atenerse permite formular un plan y organizarse. Feliz año nuevo.