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Castillo y los analistas políticos

“Estoy de acuerdo con Alberto Vergara sobre la mediocridad radical de la mayoría de los políticos elegidos, pero discrepo que ella sea el problema principal...”.

Muchos analistas de los medios exageran. Sostienen que Castillo está destruyendo el país en seis meses de gobierno. Afirman que su ignorancia, la mediocridad de sus ministros y la corrupción explican su debacle y concluyen que él es el principal responsable de su posible vacancia. Detrás de estas exageraciones está la idea optimista de que el Perú, antes de Castillo, era un país que iba viento en popa y que era gobernado por presidentes ilustrados, honestos y transparentes y por ministros lúcidos y eficientes. Las denuncias y las condenas por corrupción de los expresidentes y de KF, además de un suicidio, desmienten esta visión idílica del Perú.

Su memoria corta les impide recordar que quien comenzó la destrucción del país en los últimos seis años fue la señora K cuando desconoció su derrota electoral en el 2016 y utilizó a su mayoría electoral para desbarrancar a PPK y a Vizcarra. Lo mismo ha sucedido con las elecciones del 2021 en las que señora K, en coalición con los partidos de ultraderecha, inventó un supuesto fraude para desconocer su derrota. Fracasado este intenso descabellado, han vuelto al planteamiento inconstitucional de la vacancia, que es la nueva forma de golpe de Estado en el siglo XXI.

Gramsci se preguntaba en los 30 del siglo pasado si el Time de Londres era un gran partido. Yo me he hecho la misma pregunta con respecto de los diarios limeños de derecha del siglo pasado, particularmente de El Comercio. Lo que más me sorprende es que, ante el colapso generalizado de la representación política, los analistas no vean que hoy el principal actor político de la derecha es la prensa concentrada, con El Comercio a la cabeza, que despliega una campaña diaria, sistemática y agresiva contra Castillo con la clara intención de domesticarlo y de someterlo a la férula de las élites económicas. Ya lo hizo y lo logró con Toledo y con Ollanta en este siglo. Espero que Castillo no se rinda, que plantee al país un proyecto viable de grandes cambios, que confíe en los mejores profesionales de la izquierda, que reemplace a los ministros y funcionarios que no dan la talla y que sea transparente.

PUEDES VER: Élites y masas en el bicentenario (III)

Estoy de acuerdo con Alberto Vergara sobre la mediocridad radical de la mayoría de los políticos elegidos, pero discrepo que ella sea el problema principal que explica la conflictividad, la inestabilidad y la ingobernabilidad del Perú. Pueden convertirse en lumbreras que ayudarían en algo, pero no resolverían los grandes problemas que nos agobian como país. Para concentrarme solo en los problemas políticos, sostengo que mientras no hagamos una reforma radical del sistema político (sistema electoral, sistema de partidos y forma de gobierno), no reconstruyamos el Estado casi fallido que el neoliberalismo ha construido y no cambiemos el régimen político o pacto social que favorece al capital en desmedro de la sociedad y los ciudadanos, el Perú seguirá a la deriva.