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El No Alineamiento moderno

“Es innegable que, ante las vicisitudes de las últimas décadas, el NOAL ha perdido buena parte de su poderío, su prestigio y su aura. Pero América Latina puede jugar un rol importante...”.

Por Carlos Alzamora

El No Alineamiento (NOAL), la mayor agrupación de países después de Naciones Unidas, enfrenta en este mundo globalizado un reto y una oportunidad. El reto es preservar su independencia y su equidistancia frente a las superpotencias rivales, y su oportunidad es aprovechar activamente esa rivalidad en beneficio de sus propios intereses, empezando por asegurar el derecho soberano de los países no alineados a recibir o intercambiar con las superpotencias todo lo que su desarrollo o su seguridad requieran, sin condicionamientos, compromisos o presiones que atenten contra su libertad de acción individual o colectiva en el plano internacional. Ilustra este aserto el hecho de que la China sea ya el primer socio comercial de Argentina, Brasil. Colombia, Perú y Uruguay, lo que aviva la confrontación por el dominio comercial y el tecnológico.

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Pero ¿llegará la guerra fría entre Estados Unidos y China a abrir al NOAL nuevamente ese espacio, en el que el No Alineamiento original encontró su camino? ¿Estará Latinoamérica preparada para aprovecharlo? Este es el quid de la cuestión porque, para empezar, América Latina necesita el apoyo y la coordinación con las otras regiones presentes en el NOAL que, mal que bien, tienen su Organización de la Unidad Africana, la Liga Árabe y la Comunidad de Países Islámicos, mientras que Latinoamérica no atina a establecer un órgano propio y exclusivo, poderoso y eficiente, de consulta y concertación política. De otra parte, no hay que descartar del todo la posibilidad de que la Unión Europea encuentre puntos de coincidencia con la posición del NOAL en el escenario internacional que se viene conformando.

No debemos menospreciar las dificultades de unir a América Latina para una iniciativa trascendental. Aunque fue positivo el balance de mi gestión como Secretario Permanente del SELA, fracasé en mis dos iniciativas más importantes: concertar a los países latinoamericanos deudores en un frente único para negociar con lo poderosos y concertados acreedores, y celebrar la Primera Reunión de Presidentes Latinoamericanos de la historia.

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Es innegable que, ante las vicisitudes de las últimas décadas, el NOAL ha perdido buena parte de su poderío, su prestigio y su aura. Pero América Latina puede jugar un rol importante en el NOAL moderno si aprende a respetar y practicar la unidad en la diversidad. Para ello necesita contar con un órgano de coordinación, cuya autoridad todos acaten de buena fe. El Brasil castró al SELA por considerar, a su juicio, que la deserción norteña de México debía hacerlo Sudamericano y no Latinoamericano. Luego liquidamos a la nebulosa UNASUR, y a la CELAC muchos llegan tapándose las narices. Los países latinoamericanos tienen que aprender a coexistir.