René Gastelumendi

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“Venimos de abajo”

“Hablo de Alfredo Barnechea, excandidato de Acción Popular, y de Rafael López Aliaga”.

No hay hombre rico, sobre todo si tiene intenciones presidenciales, que no diga que antes de llegar a donde llegó, un poco más y estuvo en el inframundo de la pobreza extrema. Tampoco hay candidato de “extracción humilde” que no nos enrostre sus orígenes para que votemos por él.

En mi experiencia personal me llamaron la atención dos respuestas muy similares ante una misma pregunta. Hablo de Alfredo Barnechea, excandidato presidencial de Acción Popular, y de Rafael López Aliaga, líder de Renovación Popular.

Ambos, cada vez que pueden, apelan al origen “provinciano” de sus primeros días de vida. Pregonan que, por ello, conocen cómo piensa el compatriota pobre y provinciano porque, prácticamente, han sido uno de ellos.

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Como si, automáticamente, la circunstancia de haber pasado su infancia fuera de Lima los dotara de un conocimiento antropológicamente superior. Un conocimiento empático y muy sensible frente a un electorado básicamente humilde al que, presuponen, no le agradaría que, aquellos que se jactan de decir “las verdades que otros no dicen”, acepten, justamente con honestidad, que no son, nunca fueron, individuos pobres y humildes y que usan la pobreza y el falso “provincianismo” como un recurso de marketing electorero.

¿Por qué digo esto? Pues porque ante la sencilla pregunta sobre qué puestos ocupaban sus padres en la chacra o en la hacienda en la que vivieron su “sufrida infancia”, el acciopopulista respondió que su progenitor era el dueño de la chacra y el de Renovación Popular, por su parte, que su padre era el jefe de fábrica de una hacienda azucarera.

Nadie niega que, en el interín, pueden haber pasado muchas dificultades, pero de allí a marketear con la pobreza hay un trecho enorme. No obstante, no son solo los “ricos de origen”, entre comillas, quienes mercadean con la pobreza y la humildad, todos conocemos de sobra la épica historia de Alejandro Toledo. En nuestros días, el actual Jefe de Estado nos sigue enrostrando su extracción campesina y ronderil, como si esa circunstancia de vida lo convirtiese, por sí misma, en un ciudadano moralmente superior y más capacitado para mejorar la vida de los compatriotas más necesitados.