Patricia  Paniagua

Patricia Paniagua

El sentido de lo común
Ciencias Políticas como profesión, ciudadanía como convicción. Especialista y gestora en materia de política pública, con énfasis en la política pública educativa y el ejercicio de ciudadanía plena para el fortalecimiento de la democracia.

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Vacancia: una historia sin lecciones aprendidas

“No perdamos de vista tampoco los intentos previos a la renuncia del presidente electo en el 2016″.

Desde hace años hay una palabra que de manera perversa y calculada ha sido instalada en el debate por un sector de nuestra clase política que, a todas luces, se resiste a respetar las reglas del juego democrático y a defenderlas por encima de todo y más allá de sus intereses.

Vacancia, y más en específico la figura de la vacancia presidencial por permanente incapacidad moral, nunca antes en toda nuestra historia republicana fue tan reiterada e irresponsablemente evocada por quienes recibieron la negativa del pueblo y no lograron su confianza en las urnas y que han encontrado en este mecanismo una forma constante de intentar torcer la voluntad popular y de buscar el alineamiento político en torno a sus intereses que los lleve a tomar el poder, sin importar el perjuicio que conlleve al país.

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Su misión de obstruir y debilitar al Ejecutivo no se detiene, sea cual fueren las consecuencias y aunque traigan consigo la inestabilidad que discursivamente rechazan, pero a la que nos empujan y que impacta en la ciudadanía, en sus posibilidades y en sus expectativas, una y otra vez postergadas.

La vacancia presidencial por incapacidad moral permanente, cuyo espíritu ha sido ampliamente explicado por juristas especialistas y cuya delimitación más precisa está pendiente, no puede seguir entendiéndose como una figura de control político ni un arma en manos del Legislativo, permanentemente dispuesto a usarla bajo argumentaciones carentes de sustento, sin que prime el mínimo sentido de preservación de la institucionalidad democrática.

Esta figura, cuyo uso debe entenderse como extremo, habilita un camino para el funcionamiento del Ejecutivo en situaciones de inviabilidad, recordemos que uno de los pocos casos de su uso en nuestra historia republicana es el que hace 21 años se aprobó frente a la renuncia desde el Japón y vía fax del mandatario en funciones, tras una década de un régimen de facto marcado por el abuso y la corrupción.

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No perdamos de vista tampoco los intentos previos a la renuncia del presidente electo en el 2016 y de las propuestas y su aprobación en el caso de su sucesor.

Esta es una historia conocida sin lecciones aprendidas por un sector de nuestra clase política que está dispuesto a ensayarla, nuevamente, y que, aún sin contar con los votos para su admisión a trámite, ya da lugar a un clima de desgaste político que reportan cadenas internacionales y que genera consecuencias como el repunte de nuestro tipo de cambio del que poco se habla ahora.

Como ciudadanía informada y activa, conocemos esta historia y tenemos el deber de extraer lecciones, la más importante, sin duda, será que, más allá de nuestras diferencias y posicionamientos, la democracia siempre demandará de nosotros para defender sus reglas de juego.