Diego García Sayán

Diego García Sayán

Atando cabos
Abogado y Magister en derecho. Ha sido ministro de Relaciones Exteriores (2001- 2002) y de Justicia (2000- 2001). También presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Actualmente es Relator Especial de la ONU sobre Independencia de Jueces y Abogados. Autor de varios libros sobre asuntos jurídicos y relaciones internacionales.

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Elecciones y el gran desorden bajo los cielos

“Los extremos encuentran terreno fértil en un contexto así y a veces, se dice, hasta para aliarse (¿'fujicerronismo’ en el Perú?)”.

Alud de elecciones en América Latina en un tiempo corto (2021-2022) que pueden cambiar, en poco tiempo, el mapa político en la región. Ya se llevaron a cabo presidenciales y generales en Ecuador y Perú, parlamentarias (El Salvador y México) y en Chile (constituyentes, municipales y, por primera vez, de gobernadores regionales). Solo en noviembre, como lo ha destacado, en reciente nota en La Nación, Daniel Zovatto, hay una agenda cargada con tres elecciones presidenciales y legislativas (Nicaragua, Chile y Honduras), la legislativa de medio período del pasado domingo en Argentina y otra regional/municipal (Venezuela). El 2022 vienen elecciones presidenciales tanto en Colombia (mayo) como en Brasil (octubre).

Este apretado calendario va de la mano de varios asuntos de fondo entre los que destacan dos: la legitimación de la mayoría de procesos electorales y, por otro lado, el contexto de crisis económica y social junto con la presencia activa de un movimiento social con su propia agenda.

No deja de ser destacable, primero, que en nuestra América Latina, atravesada en su historia por golpes de Estado, fraudes electorales y represión, la democracia electoral se haya implantado. Con limitaciones y dentro de un sistema de representación política y de partidos en crisis, pero con la mayoría de procesos electorales regulares (no es el caso de las tremendamente irregulares del pasado domingo 31 en Nicaragua). Las regionales/municipales del próximo domingo en Venezuela son, por cierto, controversiales. Sin embargo, como señala Zovatto de IDEA Internacional, se cuenta con una autoridad electoral renovada y, por primera vez en 15 años, con la presencia de observadores internacionales, entre ellos de la Unión Europea.

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El contexto de crisis económica y social es, sin embargo, crítico. Como es lógico, tiene que ver de manera directa con la política y el movimiento social. El aumento del desempleo y de la pobreza, derivado directamente de la pandemia, es solo el fenómeno grueso de una situación que ha golpeado de manera especial a los más pobres pero también en la clase media. Situación que sirve de marco para la polarización política, como viene ocurriendo de manera exagerada en el Perú donde una extrema derecha cerril viene moviendo abiertamente la obsesión por la vacancia de Pedro Castillo desde antes que este asumiera la presidencia.

Se derrumbaron más de 12 millones de personas que habían pasado al escalón de la clase media durante los años de crecimiento, de acuerdo a cifras del Banco Mundial, se derrumbaron. Francis Fukuyama ha trabajado como nadie las consecuencias políticas cuando la clase media se siente afectada. Tiene que ver con los estallidos sociales en Chile hace dos años y de este año en Colombia. No eran los más pobres quienes más se movieron, sino jóvenes de una clase media afectada en sus logros y aspiraciones.

Esto tuvo ya expresión electoral en Chile en los resultados municipales y en la Convención Constituyente, que dejaron de lado a los partidos tradicionales de todo signo. Sería un error, sin embargo, concluir linealmente que la protesta conduce inercialmente a resultados “de izquierda”. El curso es ambivalente.

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El sentimiento contestario se explica por aspectos sociales (salud, educación) o por la inseguridad ciudadana. Y eso se puede expresar, fluidamente, en votos de derecha o, incluso, de extrema derecha, que pasen de un lado a otro. Eso por la ambivalencia histórica con la que se comporta históricamente la clase media, como lo ha estudiado en profundidad Fukuyama. El impulso político y social por el cambio hacia adelante, en consecuencia, no lo dice todo. Puede ir en cualquier dirección y ser regresivo. Los extremos encuentran terreno fértil en un contexto así y a veces, se dice, hasta para aliarse (¿“fujicerronismo” en el Perú?). Un test inmediato será la votación en la primera vuelta presidencial en Chile este domingo.