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Élites y masas en el bicentenario (II)

“Las élites liberales fracasaron en su proyecto de formación y construcción del Estado moderno (1845-1895)”.

5. Lo nuevo de la segunda mitad del siglo XIX (1845-1895) es el ingreso de las élites económicas y políticas liberales, exportadoras del guano y el salitre, a la lucha por el poder con los caudillos militares apelando a las revoluciones y a las elecciones. Ellos se proponían reducir el numeroso cuerpo de oficiales y el excesivo gasto militar (casi la mitad del gasto público entre 1821 y 1844) y forjar un Estado liberal reorganizando el Estado colonial heredado cuyas instituciones solo habían cambiado de nombre. Los políticos liberales se organizaron en clubes políticos y electorales y formaron el Partido Civil (1871) de alcance nacional que triunfó en las elecciones de 1872 con Manuel Pardo, quien inauguró el primer gobierno civil en medio de la resistencia de los militares.

6. Amplios sectores sociales, indígenas y urbanos, participaron en las revoluciones sociales y políticas logrando un triunfo parcial en 1854-1855 al conquistar en plena revolución la eliminación del tributo indígena y la libertad de los esclavos y un triunfo total al derrotar al ejército de Cáceres en la revolución de 1894-1895. La revolución liberal de 1854-55 fue liderada por los políticos liberales (Elías, Pedro y José Gálvez, Ureta) y por Castilla, un militar conservador moderado. La revolución de 1894-95 fue liderada por la Coalición Nacional, una alianza de civilistas y demócratas, y por Nicolás de Piérola.

7. El Perú del siglo XIX fue un país a la deriva. Diez guerras internacionales y once guerras civiles generaron un clima de permanente inestabilidad e incertidumbre. Las más rescatables de esas guerras fueron la independencia, la revolución liberal de 1854 y 1855 y la revolución de 1894-1895. Las victorias políticas más importantes fueron la instauración de la República (1821), la libertad de los esclavos y la eliminación del tributo indígena (1854-1855). La República recogió la herencia de la Constitución de Cádiz de 1812 y fue, en verdad, una comunidad imaginada que se apoyaba en la nación y en la ciudadanía que eran también más imaginarias que reales. Eran imaginarias porque operaban en una estructura económica, social, cultural, estatal heredada de la colonia que mantenía plena vigencia. En la primera etapa republicana, el Perú fue un país anárquico, inestable e ingobernable: “De 1821 a 1845 hubo diez congresos, siete constituciones, cincuenta y tres gobiernos…” (Aljovín, 2000).

PUEDES VER: Élites y masas en el bicentenario (I)

8. Las élites liberales fracasaron en su proyecto de formación y construcción del Estado moderno (1845-1895). No pudieron vencer al gamonalismo ni organizar coaliciones sociopolíticas estables (Kurtz, 2013) y no se apoyaron en funcionarios autónomos sino en los gamonales para construir el Estado en el interior del territorio, (Soifer, 2015). Pardo pensaba que la fuerza del mercado podía disolver las relaciones de servidumbre. Tampoco pudieron construir la nación ni institucionalizar el ejército. Fue un siglo de fracasos. Las élites (conservadoras, liberales y militares) tuvieron éxito en enriquecerse gracias a la corrupción inflando deudas del Estado o inventándolas (Quiroz, 2019).