Roberto Ochoa

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Zorro de arriba, Run Run de abajo

“Me llamó la atención esa necesidad tan popularizada de contar con un perro ‘de raza’ pese a la precariedad económica...”.

Las aventuras del zorrito Run Run merecían no más que un reportaje de noticiero mañanero, pero está durando más que la gestión de varios ministros de la administración Castillo.

Al principio parecía cortina de humo al mejor estilo de los que armaba el tío Montesinos, pero derivó en toda una campaña periodística porque la historia tiene su atractivo y se presta a interpretaciones sociológicas, antropológicas y hasta de sicología de masas.

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Mucho se habla sobre las sanciones a los traficantes de fauna silvestre y vendedores informales de mascotas, pero hace unas horas pasé por el jirón Ayacucho y pude comprobar que los vendedores ofrecen las fotografías de cachorros de gatos y perros... y la gestión incluye delivery. Y todo a vista y paciencia de los agentes del serenazgo, muy cerca a una comisaría PNP, a pocos metros de la Fiscalía de la Nación y a solo dos cuadras del Congreso de la República.

También me llamó la atención esa necesidad tan popularizada de contar con un perro “de raza” pese a la precariedad económica de los propietarios. No recuerdo con qué raza de perro soñaban los que compraron a Run Run, pero se llevaron un bello zorrito costeño que figura en la mitología andina prehispánica, pero que ahora es el terror de los corrales vecinos. Me pregunto, ¿ser amo de un perro “fino” te hace un poco más fino? ¿Dejas de figurar en el mapa de la pobreza si sacas a pasear un yorkshire terrier? ¿Dejas de pertenecer al D o al E si recoges con bolsita la caca de tu cavalier king charles spaniel?

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Sin embargo, creo que el Estado y las organizaciones que defienden la fauna silvestre están perdiendo una oportunidad mediática para hacer entender su trabajo diario. En todo el Perú se puede encontrar esa gente rara que cría zorros, papagayos, monos, pumas y hasta culebras. Y se debe advertir los riesgos que atañe su crianza. Ni qué decir armar campañas para explicar la lucha contra la cacería furtiva de vicuñas, contra la destrucción del hábitat del sagrado yanapuma o del escurridizo titi o gato silvestre andino.