Columnista invitada

Columnista invitada

La República

Más columnas

Columnista invitada

Pacto de Glasgow y las tareas para el Perú18 Nov 2021 | 7:54 h

Columnista invitada

Reforma de educación superior en riesgo17 Nov 2021 | 8:13 h

Columnista invitada

COP26: salvar a la especie humana de sí misma10 Nov 2021 | 8:02 h

Simulacro informativo y anomia social

No se debe permitir el terrorismo mediático que fabrica simulacros que infunden miedo y odio irracionales, generando una transgresión colectiva que quiere atacar a personalidades progresistas a las que se considera responsables de una derrota electoral.

Aurora Bravo

La escalada de ataques del grupo La Resistencia y otras cepas, contra diversas personalidades cobró rotunda significación en la violenta irrupción a la librería Primera Parada, durante la presentación del libro del expresidente Sagasti. La cultura y el oscurantismo de la extrema derecha fascista, colisionaron. Petardos, insultos, amenazas acusando al exmandatario de terrorista. Situación similar sufrió el exfiscal Avelino Guillén o el presidente del JNE, Jorge Luis Salas a quien acosaron tenazmente por varios días alrededor de su vivienda, atentando contra su libertad individual y amenazándolo por el “fraude electoral”.

También fue atacada la familia del ministro de Justicia Aníbal Torres y el jefe de la ONPE, Piero Corvetto, quien fue agredido física y moralmente en el Club Regatas. Las turbas enardecidas gritan “fraude, fraude, vacancia, vacancia”. Esta atmósfera crispada de intolerancia y transgresión revela una grave crisis cultural y cívica donde no existe el principio de realidad, ni la ley ni las reglas de convivencia social. Vivimos como señala la psicoanalista Kaplansky, un estado de anomia. Reina el impulso ciego cebado por simulacros informativos de la televisión que hacen creer a la población que “hubo fraude” o que “Keiko era la candidata demócrata y Castillo el terrorista” cuando, en realidad, ni Keiko es demócrata ni Castillo es terrorista.

A la luz de los hechos, es el presidente Castillo quien ha dado muestras de ser demócrata ya que, frente a los cuestionamientos, cambió su gabinete con una premier dialogante. Sin embargo, la extrema derecha asociada a grupos de poder económico, no asumen que perdieron las elecciones y van por la vacancia; mientras la televisión monta otro simulacro presentando a los fascistas golpistas como demócratas, justificando a través de sus juristas y analistas la limitación del derecho del Ejecutivo a la cuestión de confianza. Ley aprobada por insistencia en el Congreso en forma inconstitucional rompiendo el equilibrio entre poderes, lo cual puede generar funestas consecuencias.

No puede ser que la mayoría de canales de TV exacerben esta polarización, montando simulacros que inducen a la audiencia a un estado de violencia sustentado en hechos falsos. No hablamos de fake news ni de posverdad, sino de algo más pernicioso: la instauración del sistema del simulacro en la información constituido por Montesinos en la década de los noventa a través del SIN y que prevalece hasta nuestros días poniendo en peligro la democracia y la paz social.

El simulacro, de acuerdo a la concepción de Jean Baudrillard, es la reproducción de una suprarrealidad con los signos de lo real cuyo objetivo es prescindir del principio de realidad en la información para imponer el dominio simbólico convirtiendo a la audiencia en una masa autómata que actúa por impulsos. Bajo esta lógica, la televisión monta simulacros informativos en función de determinada coyuntura socio política. Dicha situación se agudiza durante el período de las campañas electorales y el cambio de gobierno, donde se registra el reacomodo de los grupos económicos que quieren asegurar sus intereses por cinco años y que no se resignan a perder sus privilegios, peor aún en sociedades de incipiente democracia y frágil institucionalidad como la nuestra donde no existe una prensa independiente.

Estos simulacros, como analizo en mi libro “Televisión Imaginario y poder en la década del gobierno de Fujimori” se construyen bajo un guión pactado con personajes, autoridades, periodistas, encuestadoras, opinólogos y “especialistas” que legitiman el simulacro. La instauración de este sistema se hibridó con métodos y estrategias de los servicios de inteligencia en la búsqueda y elaboración de la información.

Bajo esta lógica todo se convierte en prueba irrefutable, desde testimonios infundados, videos, audios, atestados policiales, documentos apócrifos, declaraciones descontextualizadas. Una urdimbre combinada con la limeñísima institución del chisme que deviene en la magalización de la información. Así las noticias se construyen en base a lo que se dice que se vio y se dijo y se desdijo…y usted qué opina.

El producto de este pseudoperiodismo son los llamados video clip news que tienen más de ficción que de realidad. Como si esto fuera poco, en el proceso de encodificación de la noticia se recurre a recursos de edición como repetición de escenas, dramatizaciones (sin poner el cartel indicativo), fondos musicales, animaciones, post de corazones, globos y cuanto sea, para enfatizar el efecto del simulacro. El resultado es una audiencia masiva autómata fuera de la realidad. Una anomia que, según Durkheim, padre del concepto, es la tendencia transgresora de las reglas a nivel colectivo, cuando una crisis severa de la estructura social (la corrupción del fujimorismo y aprismo) rompe las normas existentes y unas nuevas normas aún no se consolidan.

En esta fase crucial, no se debe permitir el terrorismo mediático que fabrica simulacros que infunden miedo y odio irracionales, generando una transgresión colectiva que quiere atacar a personalidades progresistas a las que se considera responsables de una derrota electoral, también a las nuevas autoridades gubernamentales, periodistas o instituciones, que apoyan un cambio. Es imperioso un periodismo independiente, el ciudadano tiene el derecho a ser informado con seriedad y veracidad de acuerdo a la realidad de los hechos, de lo contrario peligra nuestra débil democracia y nuestras libertades individuales.