Sonaly Tuesta

Sonaly Tuesta

La costumbre
Comunicadora Social. Creadora del programa de televisión Costumbres. Personalidad Meritoria de la Cultura desde el 2015. En Twitter: @sonalytuesta.

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A las ánimas benditas

“Aprendí, a través de la costumbre, esa relación armónica con las ánimas, la memoria y el corazón, ese vínculo eterno”.

Morir es como nacer de nuevo

Dejas tus zapatos

Pero igual caminas cada primero de noviembre

Solo saben que estás allí

Quienes te quieren y recuerdan

Calmas tu sed y a veces tu hambre

Picando una wawa

O un poco de comida,

Esa que tanto te gusta

Te bailan y tú también quisieras hacerlo

Sientes la cerveza y el salud.

Ojalá no te hubieras ido.

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Tantas veces compartimos sesiones de amasado con Adelita López y descubrimos el alma de sus wawas. En Ayacucho son sagradas y una expresión de intercambio entre vivos y muertos. Sentarse a la mesa y compartir bollos, ponche, vino y panes en formas de muñeca y de caballo significa también homenajear a las comadres y compadres, darle poder a la vida y al recuerdo, a la reunión familiar, a la tradición.

Aprendí, a través de la costumbre, esa relación armónica con las ánimas, la memoria y el corazón, ese vínculo eterno que se reafirma cada año cuando se inicia el mes de noviembre. Cuando en Ciudad Eten (Lambayeque) don Antonio mantiene las velas encendidas ante la figura de un esqueleto con su guadaña y coloca vasos llenos de agua en cada esquina de la casa, para que la esposa muerta sepa que no la ha olvidado.

Las mujeres dolientes de La Arena (Bajo Piura) ofrendan miel y una colorida gama de dulces llamados angelitos. Disponen el mantel sobre el piso y arman porciones especiales para sus invitados. Están en el centro de la plaza. Juiciosas y atentas, ansiosas. Buscan a niñas y niños que tengan la edad de sus pequeños difuntos y los traen junto a ellas para darles de comer, para endulzarlos y alegrarlos.

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Es el Día de los Ángeles. Las escenas (diversas y conmovedoras) son pura ternura y sonrisa. Se replican (sin límites) cada año la mujer doliente (madre, hermana, tía, abuela) bendice al convidado y lo cariña sirviéndole lo que ha traído, pues sabe que la “mención” o la primera probada que este realice será suficiente para cumplir con aquel que ya no está aquí.