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Peinadito de Cleopatra

“La sexualización de la mujer pública es un componente clásico del acoso político. La primera ministra no es la única que ha pasado por esto”.

La agitada coyuntura política peruana, que siempre trae novedades que sobrealimentan a los analistas, pocas veces deja espacio para reflexionar sobre brechas de desigualdad más estructurales. Los conflictos y las urgencias hacen que dejemos de lado lo realmente importante.

Pero algunas veces, hechos puntuales se vuelven ventanas de oportunidad para hacer una pausa, no dejar que la marea política nos lleve a la deriva y abrir una discusión necesaria. Esta vez la ventana la abrió el ejercicio de violencia machista de Christian Hudtwalcker contra la primera ministra Mirtha Vásquez.

La violencia machista contra las mujeres ha sido siempre un ejercicio de disciplinamiento. De buscar controlar la capacidad de acción de la pareja, la madre, la hermana, la hija. Que la mujer “no vaya a sacar los pies del plato”. Busca que no se salga del rol que se le ha asignado en la sociedad. Ese rol puede cambiar ligeramente siempre que respete el objetivo central: servir a los intereses del hombre y el patriarcado.

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La violencia machista se traslada a la escena pública por medio del acoso político. Esta práctica, que es cada vez más denunciada y combatida en el mundo, busca disminuir la capacidad de agencia de la mujer. Sacarla de un rol protagónico en la escena pública y “ubicarla”. Eso justamente es lo que pretendió groseramente el periodista al decirle a la señora Vásquez “decisión, baby”.

¿Le ha dicho el señor Hudtwalcker “baby” a algún hombre a cargo de la Presidencia del Consejo de Ministros? ¿Le ha dicho a algún expremier del color político que sea alguna vez “mucho laceado brasileño”? ¿Se atrevería el señor a exotizar e incluso sexualizar a un futuro premier hombre diciéndole que tiene un “peinadito de Cleopatra”? No, no lo haría. Es a las mujeres en espacios de poder a las que se atreven a hablarles así, a las que incluso pueden tratar como objetos sexuales.

La sexualización de la mujer pública es un componente clásico del acoso político. La primera ministra no es la única que ha pasado por esto. Recientemente pasó con Sigrid Bazán y ha pasado con muchas otras antes de ellas. Eso debe parar.

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Diana Miloslavich, vocera de la campaña Somos la Mitad, Queremos Paridad sin Acoso, señala claramente que este tipo de prácticas desalientan a las mujeres a entrar a espacios políticos y de decisión. Es justamente por eso que se aprobó en el Congreso pasado la Ley contra el Acoso Político.

Esta ley, como muchas, sigue sin aplicarse pues aún no se aprueba el reglamento. El encargo lo tiene el Jurado Nacional de Elecciones. Es imperativo que cumplan con ese mandato y que publiquen el reglamento. El cual debe permitir que mujeres públicas, tanto candidatas como autoridades ya electas y funcionarias en ejercicio, puedan usar la ley en su defensa. Que la violencia machista no quede impune.