Eloy Jáuregui

Eloy Jáuregui

Animal urbano
Cronista, poeta y profesor en la Universidad de Lima. Estudios en Lingüística y periodismo. Editor en la mayoría de los medios peruanos y corresponsal en revistas del extranjero. Autor de una treintena de libros sobre comunicación, lenguajes alternativos y culturas urbanas. Con premios en Casa de la América y Prensa Latina (Cuba) y Etecom-Perú.

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Engranajes de las sectas

“Si a la Academia Sueca le valió un pito los escándalos sexuales de hace un tiempo y no se disculpó, pues a los capitostes peruanos de la cultura, el manejarse con los eternos privilegios, será siempre su lógica y su naturaleza corrupta”.

Ya a finales del siglo XIX y más, en los debates políticos protagonizados por González Prada, Mariátegui y Haya de la Torre se denunciaba a las sectas que excluían a los sectores populares. Aquellas argollas de grupos que monopolizan los beneficios y prestigio por sus lazos comunes de afinidad, excluyendo a otras personas ajenas a esos círculos. Y eso ocurría (ocurre) tanto en política, economía y, cierto, en el plano el mundo artístico y literario. Ahí opera el clientelismo y el padrinazgo. ¿Y solo en el Perú? No, señores.

Leo a Jorge Carrión, crítico de The Washington Post en su texto “El Premio Nobel de Literatura es incorregible” y dice que ha vuelto a ganar el Premio Nobel de Literatura un hombre que escribe en inglés. Pese a su origen tanzano y su pertenencia a la minoría musulmana de su país, Abdulrazak Gurnah es miembro de la Royal Society of Literature y un escritor, sin duda, británico que llegó a los 18 años a Inglaterra. No contradigo a los que saludan su origen africano. Digo de los criterios con que se premian a los que aportaron a la cultura universal y que nacieron en la Europa colonialista y que fueron adoptados por las corporaciones académicas de Estados Unidos y perpetúan lógicas de otras épocas. La historia no es ajena al Nobel de Literatura que reitera su monserga cada año. Así sean con el chino Gao Xingjian o nuestro Vargas Llosa: “Si los galardones no representan a la literatura de nuestra época, es porque la institución que los otorga no se ha adaptado a la realidad del siglo XXI. La Academia y la monarquía suecas son sistemas jerárquicos y anacrónicos, nacidos en el antiguo régimen, incapaces de entender, juzgar y premiar la nueva sociedad de la creación y del conocimiento”, insiste Carrión.

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Por ello cuando se denuncia a la “argolla” que funciona en el Perú con descaro lo que se está acusando es a ese sistema de privilegios que impera desde siempre, pero que aquí tiene su lado folclórico por racista y clasista. Esa secta institucionalizada que segregó a Arguedas, Reynoso o Eielson. Esa camarilla con padrinos y lacayos dedicado a preservar el viejo orden con ese sesgo a mafia que no admite a peruanos de otros universos de la imaginación. Si a la Academia Sueca le valió un pito los escándalos sexuales de hace un tiempo y no se disculpó, pues a los capitostes peruanos de la cultura, el manejarse con los eternos privilegios, será siempre su lógica y su naturaleza corrupta.