Rosa Palacios

Rosa María Palacios

Contracandela
Lima, 1963. Abogada por la PUCP y Máster en Jurisprudencia Comparada por la Universidad de Texas en Austin. Su área de especialización es el periodismo político y divulgación jurídica con más de veinte años de experiencia en televisión, radio y prensa escrita. Es docente de la PUCP en la facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación.

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El candado imperfecto

“El candado tiene grandes ventajas y grandes problemas”.

Dos instituciones antagónicas fueron puestas a prueba esta semana. La cuestión de confianza, para lograr la disolución del Congreso, y la vacancia presidencial volvieron a las conversaciones de ida y vuelta entre Ejecutivo y el Legislativo. En realidad, desde que Kuczynski fue obligado a renunciar y con mayor razón desde que Vizcarra disolvió constitucionalmente el Congreso hace dos años, estas instituciones nunca terminan de ir de regreso al lugar donde estuvieron guardadas por 25 años.

Mientras el Ejecutivo no tenga mayoría parlamentaria o no pueda construirla, la crisis será permanente. Tendremos que acostumbrarnos a jugar con ambas como parte de un diseño, concebido en 1993, para evitar los golpes que sufrieron Bustamante y Belaunde o el que se dio a sí mismo Fujimori con el apoyo de las Fuerzas Armadas.

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El candado tiene dos llaves. Cuando las dos están en manos de sus custodios (el presidente del Consejo de ministros y 87 congresistas) sin usar, todo es posible dentro de la continuidad. Cuando una entra a la cerradura, la otra va a correr a entrar en simultáneo. La vacancia, desde el siglo XIX, fue pensada para otros fines, pero lamentablemente el TC se rehusó a darle un contenido actual. Así, la vacancia de Vizcarra dejó como precedente nefasto que todo vale si tienes los 87 votos.

El Congreso ha querido limitar al Ejecutivo interpretando la cuestión de confianza mediante una ley donde solo cabe una reforma constitucional que también, número mágico, necesita 87 votos en dos legislaturas. El proyecto de ley es, por tanto, inconstitucional y el Ejecutivo ya lo devolvió observado. En pocos días lo aprobará el Congreso, con la esperanza de que un futuro TC (a su medida) lo valide.

Como vacuna de emergencia les va a dar una protección limitada. Si se aprueba de inmediato, el presidente debe presentar la acción de inconstitucionalidad el mismo día, para que este TC sea el que conozca la materia. Ya intentaron lo mismo en el pasado y perdieron en este mismo TC.

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El candado tiene grandes ventajas y grandes problemas. Empecemos con las ventajas. Desde el 2001 no hay golpes de Estado. Presidencias extremadamente débiles se han sostenido, incluso con congresos adversos al final de su mandato. Se han censurado ministros y gabinetes (Jara, Zavala), pero ahí paraba la historia. La desventaja está en el uso. PPK no supo usar el candado.

Tampoco la mayoría fujimorista y sus aliados que promovieron vacancias para terminar luego disueltos. Hay, además, una gran desventaja: no son mecanismos exactamente homologables. En el último año de mandato no se puede disolver el Congreso y esa oportunidad fue la que aprovecharon los sediciosos del 2020, en venganza por el 2019. Si el Congreso limita la cuestión de confianza y puede vacar sin límite alguno, pasaría lo mismo. Las dos llaves deben funcionar de la misma forma para que sean útiles a su fin.

¿Cuál es ese fin? La gran ventaja del candado imperfecto está en que resume bien todo el sentido de la Constitución, la democracia y el Estado de derecho: la limitación al poder. No importa quién es quién en la ecuación, el poder de todos y cada uno está limitado en el poder del otro. O nos vamos todos o nos quedamos todos. ¿Se pueden diseñar mejores mecanismos de limitación de poder? Por supuesto. Hay mejores modelos. Pero esto es lo que hay.

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El Congreso no va a abrir el candado de su propia disolución. Si lo abre Castillo, lo vacan y luego a Boluarte y se van todos. Si lo abre el Congreso con una vacancia, la renuncia de Castillo y Boluarte los manda a todos a casa. Solo hay una vicepresidenta y Fuerza Popular ya probó de ese pacto una vez. No le salió a cuenta. La experiencia algo enseña.

La solución de Castillo a la primera crisis ministerial, provocada por Cerrón, Bellido y su combo, resuelve, por un tiempo, toda estridencia de izquierda. El candado va a permanecer cerrado. Por ahora, el Congreso fijará su acción política en los nuevos desastres a la vista: el ministro del Interior y el de Educación. Uno defiende delincuentes, el otro es un profesor antiexámenes a los maestros. No creo que duren mucho si Mirtha Vásquez quiere llevar la fiesta en paz.

El candado imperfecto funcionó. El problema es que los 69 días de crisis han tenido un costo brutal en la economía, que necesitará meses y años para ser revertido. Eso ninguna Constitución lo puede prever.