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En este buque, nadie se rinde

Hoy a las 9:50 a.m., todo peruano debe guardar un minuto de silencio por el héroe eterno, Miguel Grau.

La torre de mando del emblemático Huáscar había sido atravesada por las balas enemigas. A las 9:50 a.m., Miguel Grau fue despedazado producto de la explosión, y su ayudante, el teniente Diego Ferré, corrió similar suerte al lado del comandante de la nave peruana, cercada por la flota chilena compuesta por las fragatas blindadas de origen inglés, Cochrane, Blanco Encalada; la corbeta O′Higgins, la goleta Covadonga, el vapor Loa y el abastecedor de carbón Matías Cousiño.

La nave quedó sin gobierno y el pabellón nacional del Perú cayó producto de una bala en la driza que le daba soporte. En términos castrenses, era el símbolo de la rendición. El teniente Enrique Palacios, gravemente herido, alzó nuevamente el símbolo patrio y arengó a los guerreros a luchar hasta el fin, pese a la superioridad material que los rodeaba: “En este buque, nadie se rinde”.

PUEDES VER: La última carta de Miguel Grau a su amada esposa Dolores Cabero

Tras las sucesivas muertes de quienes iban tomando el mando de la nave, llegó el turno del teniente Pedro Gárenzon, quien al ver que ya no había “poder de fuego” ordenó abrir las válvulas, para dejar entrar el agua y hundir el buque, en cumplimiento de las órdenes impartidas por Grau.

Los hombres de Grau compartían la bravura, la dignidad y el honor de su jefe, que había prometido: “Si el Huáscar no regresa victorioso al Callao, yo tampoco lo haré”. Durante casi 6 meses había dominado el Pacífico Sur, manteniendo a raya la escuadra enemiga. El pequeño monitor Huáscar (60 metros de longitud) escribió su leyenda eterna batiéndose 6 veces, capturando 10 naves y bombardeando varios puertos, logrando así detener la invasión terrestre.

El contralmirante Grau, marino profesional, político y demócrata, fue elegido el peruano del milenio y es, sin duda, el más popular de nuestros héroes. No es solo recordado por lo sucedido el 8 de octubre de 1879, sino por sus extraordinarias hazañas que nos enorgullecen; y por el honor y hombría de bien que lo caracterizaron, en cada uno de sus actos, en la guerra y en la paz.

Hoy a las 9:50 de la mañana, todo el país deberá detenerse para guardar un minuto de silencio por el héroe inmortal y los bravos guerreros que lo acompañaron en esa gesta. En pleno bicentenario y con una enorme tarea pendiente: lograr el desarrollo del Perú y la felicidad de los hombres y mujeres que habitan estas tierras, podemos repetir como esa mañana de hace 142 años: “En este buque, nadie se rinde”.