Lucia Solis

Lucia Solis

Casa de Brujas
Periodista feminista, activista y editora de género en Grupo La República. Licenciada en Comunicación y Periodismo por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y máster en Estudios de Género por la Universidad Complutense de Madrid (en curso). @lamenstruante lucia.solis@glr.pe

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Mujeres en medios y al centro

“No es tarde para aprender. El fin no justifica los medios ni las páginas vistas la integridad de las mujeres...”.

El Proyecto de Monitoreo Global de Medios es una iniciativa creada por la organización Who makes the news? (¿Quién hace las noticias?) que estudia y analiza, cada cinco años, la presencia de las mujeres en las comunicaciones y la forma en que son representadas. El último reporte, publicado con base en 2020-2021, introduce la variable COVID-19 y tiene pequeños avances. Pero no los suficientes.

De hecho, los hallazgos correspondientes a la prensa televisiva, impresa y digital en el Perú son desalentadores, pero dan la oportunidad de tomar acción. Porque quienes estamos en los medios y en todos los escalones de la pirámide tenemos no solo responsabilidad, sino una gran plataforma para reparar lo que por décadas nosotros mismos hemos normalizado: la instrumentalización de la imagen de las mujeres y el fomento de la violencia hacia ellas.

El pasado 14 de setiembre se cumplieron 30 años desde que empezó a reconocerse el Día Latinoamericano de la Imagen de la Mujer en los Medios. Y este aniversario nos encuentra con que, según el Proyecto de Monitoreo, en ninguna de la información presentada en el país “se intenta al menos cuestionar sobre los estereotipos de género”, con que existe solo un 6% de cobertura a casos de violencia contra la mujer, con que un ‘’68% opina que (los medios) se aprovechan del dolor humano, con que las imágenes se eligen ‘’de manera sensacionalista y eso incrementa una cultura de violencia en la ciudadanía’'.

Los hallazgos son preocupantes, pero determinantes: no estamos haciendo las cosas bien. Pero nunca es tarde para aprender y desaprender. El fin no justifica los medios ni las páginas vistas la integridad de las mujeres. La sintonía no vale la sexualización de sus cuerpos ni nuestra comodidad la invisibilización de las disidencias, de ellas como especialistas, como voces con autoridad. Cuestionar esta grieta en las comunicaciones es abogar por un periodismo más completo y riguroso, con la otra mitad del mundo incluida como norma y no como excepción.