Patricia Montero

Patricia Montero

Palabra de Montero
Periodista de profesión. Ha trabajado en diversos medios de comunicación. Fue parte del equipo fundador de Canal N donde se desempeñó como Productora General, posición que también ocupó en ATV + participando desde la concepción del proyecto. Fue productora general del portal de noticias Espacio 360 y tiene experiencia en comunicación corporativa.

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¿Ya está muerto?

“Pero además de apresarlo, a él, a su cúpula, a sus colaboradores, ¿qué hicimos para resarcir el daño?”.

Nunca será un ejercicio ocioso recordar que decenas de miles de personas murieron masacradas por los esbirros del fallecido cabecilla de Sendero Luminoso. No hay peruano que no tenga tatuadas en la retina las imágenes de hermanos peruanos mutilados, cuerpos desmembrados y bombas detonando mientras el genocida bailaba Zorba, el Griego (hermosa melodía que injustamente me sigue produciendo escalofríos de terror) rodeado de sus lugartenientes, todas mujeres.

Que sí, que dejó muerte y destrucción. Que nos aplastó como sociedad. Que instaló en nosotros la desconfianza, el miedo y que agrandó aún más las brechas entre los peruanos. Pero además de apresarlo, a él, a su cúpula, a sus colaboradores, ¿qué hicimos como peruanos para resarcir el daño? El racismo sigue ahí, en todas las esquinas, a veces disfrazado de clasismo. La desconfianza en las instituciones sigue casi donde la dejaron. Los partidos políticos, auténticos responsables de pelear la guerra ideológica, ¿se la jugaron por la reconciliación o trivializaron el terruqueo desde la derecha conservadora? La izquierda, responsable de deslindar del terror y mostrarse como una opción honesta en favor de las mayorías, ¿se mantuvo impoluta frente a la corrupción?

Una de las mayores lecciones que debimos aprender con la caída del genocida fue que no hay caudillismo ni absolutismo buenos. ¿Y cómo aprendimos? Hicimos de Fujimori un caudillo. Los líderes de los partidos son todos dueños y caudillos. Es tan poco común la alternancia en los liderazgos que ni siquiera las consideramos opciones.

¿Alguien se ha ocupado por trabajar realmente contra la enorme desigualdad que le sirvió a Sendero como caldo de cultivo? Con un dolor inexplicable, abatimiento y hasta desesperanza recuerdo las palabras del genocida durante su captura: “Al hombre le pueden quitar las cosas, menos lo que tiene acá (sus ideas), a nadie se lo quitan, así lo maten. Si uno muere, esto queda en los demás”. Todavía podemos ganar esa guerra. Todavía podemos.