Augusto Álvarez Rodrich.

Augusto Álvarez Rodrich.

Claro y directo
Economista de la U. del Pacífico –profesor desde 1986– y Máster de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, Harvard. En el oficio de periodista desde hace más de cuatro décadas, con varios despidos en la mochila tras dirigir y conducir programas en diarios, tv y radio. Dirige RTV, preside Ipys, le gusta el teatro, ante todo, hincha de Alianza Lima.

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Un presidente que no sabe y que no opina

Hace mal Castillo al esperar que Fiscalía le saque a Cerrón.

El presidente Pedro Castillo se equivoca si cree, como su antecesor Manuel Prado, que el Perú tiene dos tipos de problemas, los que nunca se arreglan, y los que se arreglan solos, porque este caos por la pugna de liderazgos múltiples necesita, con urgencia, que de una vez él asuma el timón de un gobierno que ya parece manicomio.

Castillo no toma decisiones, sino que ha creado, con el aire ingenuo de un estilo rural novoandino, un sistema de indecisiones donde nadie lidera y todos mandan, y en el que, por sus ‘convicciones flexibles’, quien decide es el que habla al final con él, o quien, por falta de un líder, hace lo que le da la gana.

El caos parece haberse desatado luego de la reunión fiebre de sábado por la noche en la casa del ministro de justicia, Aníbal Torres, cuando el presidente Castillo planteó la conveniencia de cambiar de gabinete, y el premier Guido Bellido con ese patrón del mal que es Vladimir Cerrón, acompañado de sus lugartenientes del buró en la sombra Guillermo Bermejo y Róger Nájar, le dijeron que eso no iba a ocurrir, pues el gobierno no es su gobierno, sino el de Perú Libre, del cual ese investigado por corrupción por la justicia es secretario general y mandamás. Y que, si el presidente no acata ese criterio extravagante e inconstitucional, la banda de los injertos del buró le mandan la moto de la movilización popular con declaratoria de que ya no es de izquierda.

Desde entonces, Castillo parece más empequeñecido, refugiándose en su espacio íntimo en Cajamarca, mientras Torres declara a quien quiera oírlo que Cerrón es dañino para la salud del gobierno y que, como secretario general de PL, debe actuar en ese campo, sin pretender invadir el gobierno.

Mientras eso sucede, es evidente que Bellido responde a Cerrón y no a Castillo, y mientras el premier le pide al ministro Iber Maraví que renuncie, este le dice que eso depende del presidente, como antes ya se lo dijo el ministro de defensa, Walter Ayala.

Hay quienes creen que Torres habla por encargo de Castillo, pero la pregunta que ya todos se hacen es y por qué diablos no decide el presidente que parece que no sabe ni opina, mientras espera que la fiscalía y la justicia lo libren de Cerrón al meterlo preso por los graves cargos por los que se lo investiga.

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