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Empleo e ingresos: ¿Vuelta a la normalidad?

“No es cierto, entonces, que hayamos vuelto a la “normalidad”. Para que eso suceda hay que engarzar el aumento del empleo e ingresos en el corto plazo...”.

En las últimas semanas la recuperación económica ha avanzado, lo que corroboran las proyecciones económicas: este 2021 el PBI crecerá alrededor de 10%, lo que nos acercará al nivel que teníamos en el 2019.

Es importante el crecimiento, pero también es clave analizar qué sucede con el empleo y los ingresos de los trabajadores, tanto formales como informales. ¿Es que también se han recuperado y están alcanzando los niveles pre-pandemia?

Esto recién se está analizando. Es lo que hace el Banco Mundial en el reciente informe, que abarca hasta mediados del 2021. Dice que “las cicatrices de la pandemia son graves. A pesar de que el empleo ha aumentado desde los mínimos de mediados de 2020, no ha regresado a los niveles pre-pandemia. Las mujeres, los jóvenes y los informales han sufrido de forma desproporcionada la pérdida de puestos de trabajo” (1).

Así, el propio empleo informal ha disminuido fuerte, lo que nos dice que millones de personas han visto mermados sus ingresos. Es el caso de Brasil (-20%), Chile (-18%) y Perú (-15%). Ojo, hay que tomar en cuenta que el porcentaje de informalidad en Perú es mayor que en los demás países (ver gráfico). Por tanto, lo sufre más. Y han caído también los empleos formales, sobre todo en Perú (-14%).

En cuanto a los ingresos dice el BM que “las pérdidas de ingresos han aumentado la pobreza, así como la inseguridad alimentaria en muchos países, a pesar de la expansión sustancial de las redes de seguridad social” (página 74). Si a esto le sumamos el alza de los precios internacionales de los alimentos (aceite, pan y fideos, pollo y huevos) y del petróleo y sus derivados (gasolinas y GLP), lo que nos arroja es un cuadro muy peligroso, más aún con el dólar a 4.10 soles.

El INEI coincide con el BM: en el trimestre mayo/julio 2019 había 3.1 millones de empleos adecuados en Lima, bajando a 2.4 millones en el mismo trimestre 2021: más de 732,000 personas no han recuperado su empleo adecuado. No les ha llegado la recuperación económica. Y podríamos seguir con el aumento de la población subempleada por ingresos, así como con las 280,000 personas que “han salido” de la PEA, pues ya ni siquiera buscan trabajo.

Este crecimiento económico sin plena recuperación del empleo ni de ingresos seguramente influirá en el malestar social en la región, donde hay (o ya hubo) elecciones presidenciales en Chile, Ecuador, Honduras, Nicaragua y Perú, así como parlamentarias en Argentina, El Salvador y México.

Es aquí que son claves dos variables fundamentales. Una, no habrá reactivación económica duradera si no se vence a la pandemia con la vacunación, lo que está avanzando, aunque aún andamos muy rezagados. Dos, es indispensable que la población recupere en parte su poder adquisitivo a través de la compensación económica del Estado, concebida como un impulso reactivador de la demanda. No hay que “dejar caer” abruptamente el impulso fiscal, que el MEF está en condiciones de financiar como consta en el MMM 2022-2025.

Por eso es clave el bono Yanapay a 13.5 millones de personas. Cada una recibirá 350 soles, con una inversión de S/ 5.100 millones. Esta compensación no es una política “populista” ni tampoco una dádiva. Su efecto reactivador está comprobado, además de que reduce fuertemente la pobreza (que está en 30%, a la que se agrega un 35% adicional de no pobres vulnerables), como lo hicieron los bonos del 2020, a pesar de que en el Perú fueron mucho menores que en otros países, una de las razones por las cuales aquí el PBI cayó más que en los países vecinos.

No es cierto, entonces, que hayamos vuelto a la “normalidad”. Para que eso suceda hay que engarzar el aumento del empleo e ingresos en el corto plazo, con la recuperación de las inversiones públicas y privadas, además de las medidas que nos acerquen a una nueva ecuación entre Estado y mercado, para lo cual es clave que cese la polarización y se abran los caminos del diálogo. Lo que aún no sucede.