Mirko Lauer

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Observador
Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco twitter. Cero Facebook. Poemario más reciente, Sologuren (3ª edición Huerga & Fierro, Madrid). Próximo poemario, Las arqueólogas, en setiembre.

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¿De quién es el Gobierno?

“Está bastante claro que Castillo tiene algunos planes propios para su gestión, y que varios de estos van a contrapelo de los intereses personales de Cerrón”.

Vladimir Cerrón tiene una gran urgencia por gobernar. Su tácito argumento es que fue sobre todo Perú Libre, y en una menor medida Pedro Castillo, quien ganó las elecciones. No hay acuerdo sobre ese punto, lo cual ha producido una guerra de declaraciones cruzadas. Ninguno parece querer una ruptura, pero igual los dos siguen pulseando.

En una democracia los partidos son máquinas concebidas para llevar a sus candidatos al poder mediante triunfos electorales. Los ganadores responden a la definición constitucional de sus respectivos cargos. No tienen la obligación de responder, ni directa ni indirectamente, a los dictados del partido que los ayudó a ganar.

La idea de Cerrón es diferente. Pareciera que el gobierno elegido debe acatar los puntos de vista del partido con cuya inscripción candidateó. No hacerlo equivale a una traición política. Esto vale para políticas generales, pero también para nombramientos específicos de funcionarios a todo nivel del organigrama estatal.

En sus declaraciones Cerrón ha venido transmitiendo la idea de que como secretario general de PL él está más o menos al mismo nivel de importancia que Castillo. Es una batalla que ha ido perdiendo de a pocos, pero en la que persiste. De donde sale la noción de que si bien Cerrón no gobierna, sí está logrando mantener acotado a Castillo.

A estas alturas está bastante claro que Pedro Castillo tiene algunos planes propios para su gestión, y que varios de estos van a contrapelo de los intereses personales de Cerrón, y en general de las ideas del ala izquierda de PL. Las chispas que saltan de esta discrepancia son casi diarias, y en algunos casos incluso más que chispas.

Las recientes palabras del ministro de Justicia sobre Cerrón (“influencia negativa”, Castillo debe “separarse de él definitivamente”) son tajantes. El secretario general de PL ha respondido lo obvio: que Aníbal Torres busca separar a los dos sectores. Debemos entender que Torres está hablando sin temor a ser desmentido desde Palacio.

No es un conflicto simple. Si Cerrón comete el error de creer que PL es una nueva manifestación de lo que fue el PCUS, o el actual PCC, Castillo comete sus propios errores. Pero la impresión es que Cerrón necesita a Castillo, pero Castillo no realmente a Cerrón.