Pedro Salinas

Pedro Salinas

El ojo de mordor
Periodista y escritor. Ha conducido y dirigido diversos programas de radio y tv. Es autor de una decena de libros, entre los que destaca Mitad monjes, mitad soldados (Planeta, 2015), en coautoría con Paola Ugaz. Columna semanal en La República, y una videocolumna diaria en el portal La Mula. En Twitter se hace llamar @chapatucombi.

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Cenizas en el mar

“¿En serio? Permitir el entierro del cuerpo del genocida es propiciar que le rindan culto, que lo veneren, que le construyan un santuario. Es así de claro y previsible...”.

El titular sonará poético, pero no lo es. Es lo que debería hacer el gobierno de Pedro Castillo con el cadáver de Abimael Guzmán, quemarlo y botarlo, pero todavía no lo hace. El ministro de Justicia, Aníbal Torres, es el único que se ha pronunciado adecuadamente sobre el tema, con timidez, pero lo hizo. Aunque terminó soplándole la pluma al Ministerio Público.

Y es que pedirle a este gobierno que haga lo correcto o gestos que denoten deslindes claros de Sendero Luminoso es como pedirle que se bese el codo.

La Defensoría del Pueblo le acaba de solicitar al Ejecutivo que emita un decreto que regule la entrega de restos humanos de individuos que, por actos cometidos en vida, supongan una amenaza a la seguridad nacional, a través de un decreto supremo. Pero no. El gobierno prefiere mirar al techo, y no hacer nada. Castillo sigue cosechando inacciones y omisiones y comentarios acojudados sobre asuntos sensibles. Algunos de sus apocados ministros, igual.

“No sé si incinerando los restos de Abimael Guzmán vamos a consolidar ese mensaje (‘terrorismo nunca más’) o no”, dijo en Exitosa el titular de Salud. ¿En serio? Permitir el entierro del cuerpo del genocida es propiciar que le rindan culto, que lo veneren, que le construyan un santuario. Es así de claro y previsible. Por eso es que los restos de Guzmán deben ser cremados y echados al mar.

Como ha dicho José Luis Pérez Guadalupe en El Comercio. Aquí debe contemplarse, por sobre todas las cosas, a las víctimas de Sendero. “Debe primar su derecho a no ser revictimizadas. Por eso se necesita una posición del Estado peruano, de todas las instancias. No estamos hablando de un cuerpo solamente. Es el cadáver del cabecilla terrorista más importante de este grupo genocida. Bajo todo punto de vista sería un pésimo mensaje, no solo del Ejecutivo que no hizo nada para evitarlo, sino también del Ministerio Público”, advirtió.

El presidente, en lugar de responder con firmeza, dijo desde Cajamarca, como si tuviera una empanada en la cabeza, con la lógica del vueltero: “Que tenemos ideología senderista, falso”. Y soltó un tuit sobre el tópico, pensando que así zanjaba el tema. Y volvió a lavarse las manos.

Como le leí a un columnista español: “Se puede caer en la insensatez gobernando, se pueden hacer tonterías gobernando, se puede hacer el ridículo gobernando, y se puede gobernar con personas que no tienen ni la más mínima preparación para formar parte de un gobierno. Incluso se puede gobernar siendo un incompetente. Pero lo que no se puede es jugar con todas esas opciones y posibilidades a la vez”, como claramente ocurre con el gobierno de Pedro Castillo, donde se pretende convertir la estupidez en norma.