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Comunicar sí importa

Hoy en el siglo XXI, la comunicación gubernamental es una de las principales herramientas de gestión para acercarse a los ciudadanos y ciudadanas, recoger sus intereses, percepciones, y sobre todo, para construir confianza.

Liz Quiroz Barco (*)

Desde el retorno de la democracia en el Perú en 1980, hemos visto cómo los diferentes presidentes de la República empleaban diversas estrategias para comunicar su gestión. En los años 80 no había Internet ni redes sociales, los mítines y los medios de comunicación eran los espacios por excelencia, en los que se podía ver y escuchar a un jefe de Estado. Incluso algunos utilizaron la prensa escrita, la televisión y la radio del Estado como medios de comunicación de gobierno, interrumpiendo la programación abusivamente para que su presencia mediática sea potente. Otro, como Alberto Fujimori, no tuvo mejor idea que comprar la línea editorial de varios medios de comunicación, la denominada “prensa chicha”, y los dirigió contra sus enemigos políticos.

Según el libro Luz, cámara… ¡gobiernen! (2010), una investigación de Martín Dientale y Alejandra Gallo publicada por la Fundación Konrad Adenauer, en América Latina los mismos presidentes pasaron a ser voceros de sus propios gobiernos y las estructuras del aparato estatal de prensa se pusieron a disposición de ellos. Señalan, además, que las estructuras de vocerías sirvieron para acomodarse a la nueva era tecnológica: es decir, se adaptaron para moldear blogs, sitios webs o armar perfiles en Facebook para los mandatarios. “Los presidentes prefieren ser ellos mismos sus voceros y dirigirse sin intermediarios al pueblo”, señalan Dientale y Gallo. Pero nada de esto ocurre hoy en el Perú.

El reciente mensaje presidencial, y segundo desde que Pedro Castillo asumió el cargo, generó muchas expectativas y, posteriormente, más críticas que respaldo. Un mensaje presidencial es una poderosa herramienta comunicacional que puede jugar un rol protagónico y brindar legitimidad a un gobierno, pero cuando es bien utilizada. Un mensaje presidencial por sí solo no es suficiente, sigue faltando “comunicación”, ese diálogo de ida y vuelta.

Por eso, los comunicadores y periodistas vemos con extrañeza cómo nuestra primera autoridad evita dar declaraciones a la prensa, sortea las entrevistas, evade comunicar y solo habla en una actividad oficial, dejando de lado el diálogo, el intercambio de opiniones e ideas cuando su deber como jefe de estado electo es comunicar continuamente a la sociedad.

Algunos dirán que es un nuevo estilo, que no le gusta hablar, etc. Pero no es cuestión de estilos, lo que está en juego con esta falta de comunicación, y a veces silencio total, es la confianza. Hoy en el siglo XXI, la comunicación gubernamental es una de las principales herramientas de gestión para acercarse a los ciudadanos y ciudadanas, recoger sus intereses, percepciones, y sobre todo, para construir confianza. No es lo que está sucediendo en el país.

Otro objetivo de la comunicación gubernamental es generar consenso. El politólogo e investigador argentino Mario Riorda nos dice que, “si la comunicación gubernamental no actúa bien, no hay consenso, y si no hay consenso, no hay buena gestión”.

No debemos olvidar que la comunicación es diálogo y hoy se la reclaman los periodistas, los medios de comunicación, los políticos y también, nosotros, los ciudadanos y ciudadanas de a pie.

(*) Especialista en comunicación estratégica.