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Exclusiva de invierno

“Soy un colaborador eficaz, un delator, confieso que he visto el primer ocaso antes de la primavera. Un fiscal calculador ofrecerá mi testimonio...”

El frío volvió a quemar desde temprano. Es curioso, pero con solo 15 grados de temperatura en Lima, la sensación térmica penetra los huesos. Nada hacía presagiar lo que iba a ocurrir al final de la tarde. Ya se sabe: es la humedad galopante que no se va, pero que empieza a irse. Lo acabo de comprobar, en exclusiva. La tarde del primer día de setiembre, poco después del almuerzo, una llamada anónima me avisó que iba a ocurrir. Al rato tomé la cámara, mi trípode y acudí de inmediato al litoral, para no perderme la noticia. Una capa de nubes cubría el mar, pero, al final, una inusitada franja de claridad indicaba que sí, que había sido un buen dato, que efectivamente podía ocurrir. Hablé con un contacto secreto en el malecón de Chorrillos y me dejó subir a su balcón. Me dejó hablando solo, tenía que cuidar a sus niños, hacer las tareas. Salir en la toma, ni hablar. El balcón tenía una vista a la isla San Lorenzo y a la bahía de Lima. Gran locación. Poco antes de las seis de la tarde, el sol hizo su aparición: venció la capa de insufribles nubes oscuras del horizonte y una línea brillante, un pedacito astral, asomó entre los islotes. La cámara estaba prendida. ¡Primicia! El crepúsculo siempre ocurre, solo que no lo vemos, la neblina nos lo impide, pero este primer día de setiembre, según los testigos oculares del barrio que no quisieron ser identificados, a tono con los tapabocas, me lo confirmaron. Fue la primera vez, desde que comenzó el invierno el domingo 20 de junio, que el sol sobre el mar podía verse de nuevo en la capital. Ellos viven allí y me lo han asegurado, he grabado sus palabras. Minutos antes: el sol había seguido bajando, liberándose de las nubes. El celeste se tornó en amarillo, el amarillo en dorado, el dorado en anaranjado, el anaranjado en rojo y el rojo en violeta. La cámara prendida, siempre prendida, no me lo perdí. Fueron 5 minutos de puesta de sol, lo hemos registrado todo, tenemos la primicia, nadie más lo filmó. Lo anunciaremos en los avances, prometeremos imágenes de la buena nueva, el sol poniéndose saldrá luego en todos los canales de televisión. Seguro alguien preguntará si el mismo sol habló, pero no. Casi, nunca tanto. Soy un colaborador eficaz, un delator, confieso que he visto el primer ocaso antes de la primavera. Un fiscal calculador ofrecerá mi testimonio a El Comercio, un policía recursero repartirá imágenes de las cámaras de seguridad a los noticieros, pero la primicia es mía, solo mía. Ningún otro medio estuvo allí. Anuncio que el invierno está terminando.