Diego García Sayán

Diego García Sayán

Atando cabos
Abogado y Magister en derecho. Ha sido ministro de Relaciones Exteriores (2001- 2002) y de Justicia (2000- 2001). También presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Actualmente es Relator Especial de la ONU sobre Independencia de Jueces y Abogados. Autor de varios libros sobre asuntos jurídicos y relaciones internacionales.

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Venezuela: saliendo de la parálisis

“Nada de esto quiere decir que por delante el camino sea simple y que solo queda seguir la agenda de siete puntos”.

Varios años de deterioro democrático y económico han llevado a Venezuela a una situación que hace una década nadie podría haber imaginado. “Elementos esenciales” (art. 3) y “componentes fundamentales” (art. 4) de la democracia, estipulados en la Carta Democrática Interamericana, están en cuestión.

Varios intentos internacionales para encontrarle salidas a la crisis terminaron en nada. Diálogos inducidos por el Vaticano y, luego, procesos de diálogo en República Dominicana y en Barbados (2019), la última vez que gobierno y oposición venezolana se sentaron en una mesa de negociaciones.

Quedaron agotados, asimismo, mecanismos latinoamericanos como el “Grupo de Lima”. Puso un reflector internacional sobre la crisis democrática venezolana, cerró ya su ciclo como mecanismo coordinador por el cambio del contexto internacional y porque no logró sentar a las partes a negociar. Mecanismo que no es, por cierto, una “institución” de la que corresponde “retirarse” o no.

El contexto actual es diferente y en él destacan tres aspectos.

En primer lugar, cambio en el contexto internacional: volteada la belicista “página Trump”, centrada en sanciones económicas que solo agravaron las condiciones de los más pobres, sin afectar al gobierno, amenazando también con una intervención militar.

Dentro del actual contexto de inicio de un proceso de negociación efectivo, ya se anuncia la revisión de las políticas de sanciones “si se logran avances significativos en el proceso de negociación entre el Gobierno y la oposición de ese país” como lo declararon conjuntamente los responsables de política exterior de EE. UU., la UE y Canadá (Blinken, Borrell y Garneau).

En segundo lugar, el papel crucial de ciertos actores y procesos internacionales relevantes. Clave el llamado “Grupo de Contacto”, impulsado por Noruega, país con una excepcional experiencia en promover procesos de diálogo exitosos para superar conflictos internos o internacionales. Que, además, ha inducido que se sienten esta vez como observadores una representación de la UE, así como de Rusia, país con intereses en Venezuela y cuya presencia en un proceso negociador en un caso como este es importante en una perspectiva de eficaz real politik.

Es cosa buena que el Perú participe en ese proceso como “país amigo”, tal como se ha anunciado, y que el canciller Maúrtua haya ofrecido el Perú como sede alterna a las conversaciones en curso en México.

En tercer lugar, dinámica de interacción fructífera entre el gobierno y la Plataforma Unitaria de Venezuela para organizar las conversaciones. La agenda de siete puntos que se adoptó el 15 de agosto y el concepto orientador de que “nada se dará por acordado mientras no esté todo acordado” es fruto de eso.

Este formato, “sin querer queriendo”, deja atrás la tesis de “Guaidó presidente”. La UE ya había dejado de reconocerlo como tal al haber culminado el período de la asamblea legislativa que presidió. Ahora Guaidó participa en este proceso como uno de los líderes de la oposición superándose así un factor de división.

Nada de esto quiere decir que por delante el camino sea simple y que solo queda seguir la agenda de siete puntos. Pero sí que hay un camino que una política exterior democrática hace bien en contribuir a fortalecer. Con sus inmensas complejidades y retos como los dos siguientes.

De un lado, las condiciones legales e institucionales precisas para garantizar que las futuras elecciones presidenciales y generales sean “libres y justas” así como garantías básicas para las regionales que están a la vuelta de la esquina (21 de noviembre).

Por el otro, la actual situación de la oposición. Al estar dividida se afectan las condiciones para los acuerdos. Las experiencias de crisis democráticas resueltas exitosamente por el diálogo (Perú año 2000) se dieron con una oposición unificada y cohesionada y con mucha movilización social. De ambas cosas se carece hoy.