César Azabache

César Azabache

Hablando de justicia
Director de Azabache Caracciolo Abogados. Abogado especializado en litigios penales; antiguo profesor de la Universidad Católica y de la Academia de la Magistratura. Conduce el espacio de entrevistas legales “En Coyuntura” en la revista La Ley. Es miembro del directorio de la revista Gaceta Penal y autor de múltiples ensayos sobre justicia penal.

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El espacio que le sea concedido

Vladimir Cerrón. Foto: difusión

Hace unas semanas Marisa Glave notaba en estas páginas que una cuota excesiva de pánico en el comportamiento de los agentes económicos ante el gobierno de Castillo podría generar la crisis de inversiones que se pronosticaba entonces como inminente (“Profecías autocumplidas”; 23/07/21). Cuando las personas definen las situaciones como reales estas son reales en sus consecuencias. Es el teorema de Thomas. La realidad puede ser prefigurada por nuestro comportamiento y por las representaciones que construimos sobre sus elementos. Lo que hemos predicho, entonces, puede terminar ocurriendo, porque al asumirlo contribuimos a que suceda.

Quiero partir del mismo punto para abordar un problema distinto: la influencia del señor Cerrón. Desde que Perú Libre ganó la primera minoría en las elecciones las miradas voltearon hacia él. Cerrón, antiguo militante del nacionalismo, fue gobernador en Junín, promovió sin éxito la candidatura de Ricardo Belmont a la alcaldía de Lima y trató de inscribir, también sin éxito, una alianza con los partidos de Gregorio Santos (hoy en prisión) y de Verónika Mendoza en 2019. Con esos antecedentes haber obtenido los resultados que obtuvo en primera vuelta justifica la atención que le prestamos. Desde el triunfo en las elecciones, la imagen de Cerrón ha sido buscada detrás de los eventos más polémicos de estas últimas semanas, especialmente las designaciones inapropiadas del gobierno. Su influencia sobre la conformación del Ejecutivo parece innegable. Su intención de usarla como plataforma para expandir su alcance en las elecciones de 2022 también. Pero tratando de entender al personaje estamos, sin notarlo, contribuyendo a configurarlo. Hemos abierto un auditorio que funciona como caja de resonancia a una voz que encuentro portadora de una narrativa superficial, poco sostenible, desinteresada en apoyarse en evidencias. Una narrativa desarrollada en la construcción de una organización política que ha intentado compensar su poca capacidad para convocar intelectuales imponiendo como canciller a Héctor Béjar, un profesor universitario sin actividad política reciente cuya biografía, producción e imagen pública están a millas de distancia del sector que quiso ponerse en sus manos.

Listemos las derrotas recientes de Cerrón. Quiso ser vicepresidente. No pudo, porque está condenado por corrupción. Luego quiso anular su condena. Tampoco pudo. Hoy el Ministerio Público le investiga e investiga a su entorno por traficar con licencias de conducir en Junín, por tener y usar fondos de origen incierto y por las relaciones que se les atribuyen con el senderismo del Vraem. Su bancada no logró postular a la mesa directiva del Congreso, donde no tiene el control de ninguna comisión de importancia. Héctor Béjar fue forzado a renunciar, en condiciones más que complejas que el gobierno no pudo contener. Su reemplazo, el canciller Maúrtua, representa la pérdida irreversible de toda influencia en política exterior. La Contraloría mantiene bajo observación las designaciones que su partido promueve en el Ejecutivo. Y la oposición del Congreso ha anunciado su interés en interpelar a varios ministros, uno a uno, comenzando por el fiscal Carrasco, a cargo ahora del sector Interior.

Con la aprobación más baja que ha tenido un presidente recién designado en nuestra historia reciente, el gobierno no parece notar la precariedad en que se mueve. El señor Cerrón y su entorno tampoco. La subyugación en la que parece mantener a los militantes de su partido y el carácter mítico que asigna a su ideario parecen funcionar como una venda de rotunda contundencia.

En estas condiciones su despliegue no depende de sus habilidades.

Depende del espacio que le sea concedido.