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Los aliados

“Puede ser. Pero el Gobierno cometería un grave error – otro más– si jugase todas sus cartas a estos aliados. Primero, porque ambas formaciones son absolutamente impredecibles”.

Tal como se viene anunciando, a las torpezas sistemáticas del gobierno, que han convertido sus primeras tres semanas de existencia en una crisis constante, pronto se sumará una ofensiva en toda regla desde el Parlamento, que esta semana mostró sus primeros movimientos. Hasta ahora, han sido presentadas hasta 18 mociones desde distintas bancadas, la mayoría de ellas con el propósito de golpear políticamente al Ejecutivo.

Entre ellas están la moción que crea una comisión para investigar las designaciones realizadas en la «semana perdida» en que el presidente Pedro Castillo gobernó fuera de Palacio de Gobierno; las mociones que consideran que los nombramientos de Guido Bellido como presidente del Consejo de Ministros, Héctor Béjar como canciller o Iber Maraví como ministro de Trabajo son actos inmorales y rechazados por todos los peruanos; la moción que planteaba declarar a Evo Morales persona no grata, exhortándolo a dejar de opinar sobre política peruana, y las mociones de invitación e interpelación a distintos ministros.

Resulta obvio que partidos como Renovación Popular o Fuerza Popular planeen confrontar al gobierno, con el poco disimulado propósito de vacar a Castillo. Pero la sesión del pleno de este jueves demostró que ese camino no está allanado ni será particularmente sencillo. Aunque sume 79 votos, la oposición no es un bloque monolítico, con la misma agenda, el mismo temperamento ni las mismas urgencias. Como advierte el periodista Miguel Hidalgo, las agrupaciones que se diferencian con mayor nitidez son Acción Popular y Alianza para el Progreso, que se encuentran más al centro y no parecen tan predispuestas a apoyar maximalismos.

¿Este es el salvavidas al que se aferra el Gobierno? ¿Existe una agenda compartida entre estos partidos y Perú Libre, que permite a este respirar tranquilo, sintiendo que se mueve en un terreno parejo, estable, una percepción muy distinta a la que se tiene desde fuera, donde la fuga de capital político y el aislamiento experimentados desde el primer día muestran a un Ejecutivo a la deriva, que hace agua, que en estos momentos se juega la supervivencia?

Puede ser. Pero el gobierno cometería un grave error –otro más– si jugase todas sus cartas a estos aliados. Primero, porque ambas formaciones son absolutamente impredecibles: AP por las fuerzas centrífugas que conviven en su interior y APP por las veleidades, cambios de humor y reacomodos de César Acuña. Segundo porque, incluso si fuera sólido y dependiera de dos socios confiables, este apoyo puede esfumarse en cualquier momento. En especial si Vladimir Cerrón sigue empecinado en su alucinado proyecto de refundación nacional y el gobierno sigue demostrando una incapacidad de liderazgo y gestión que muy pronto puede traducirse en más cuestionamientos, descrédito y desaprobación popular.