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Los “malos” pueden ser ahora los “buenos”

“Esta vez, el candidato que ganó, su partido y el secretario general de su partido generan más temor que el propio Congreso...”.

Los últimos años hemos presenciado, más que nunca, cómo el Congreso le puede hacer la vida imposible al Ejecutivo. Desde la aprobación de leyes contrarias a la política presidencial o el bloqueo de sus iniciativas, hasta la posibilidad de vacar a su representante por incapacidad moral. Es innegable que, tanto la vacancia contra el Ejecutivo como la cuestión de confianza contra el Parlamento, tendrían que ser responsablemente delimitadas y reglamentadas para evitar el uso abusivo de estas dos armas tan potentes que siguen prácticamente intocadas en nuestra Constitución. Sin embargo, en las actuales circunstancias del bicentenario, nuestra mirada hacia el Congreso es forzosamente distinta, dada la postura evidentemente confrontacional del ejecutivo que, de momento, es ahora el matón de la película. Esta vez, el candidato que ganó, su partido y el secretario general de su partido generan más temor que el propio Congreso. La figura y la percepción se han invertido. El nuevo Parlamento, por tanto, sin ninguna mayoría clara, a pesar de las relativamente numerosas curules de Fuerza Popular y Perú Libre o, tal vez, precisamente por eso, se ha erigido, quien lo diría, en el contrapeso natural y democrático frente a PL. Así, por ejemplo, hay votos suficientes para evitar totalitarismos por parte de Castillo, salvo que se cometa el error estratégico de caer en la clara provocación que genera el gabinete Bellido y no otorgarle la confianza, con lo cual, la bala de plata del Ejecutivo se dispararía con mayor facilidad. Vueltas que da la vida; cuando el TC no delimitó la vacancia por incapacidad moral, en la controversia zanjada el año pasado, muchos no imaginamos que esta falta de delimitación podría solidificar la postura del Parlamento y la mayoría de las fuerzas políticas, desde los morados, hasta la extrema derecha de Renovación Popular y juntar, de ser un caso de emergencia democrática, los 87 votos para librarnos de una dictadura. En política, como en la vida misma, todo depende del cristal con que se mire. Si hubiese sido Keiko Fujimori quien llegaba al poder y la amenaza de totalitarismo tuviese tiente naranja, se aplicaría casi la misma ecuación.