Raúl Tola

Raúl Tola

El diario negro

Más columnas

Raúl Tola

La primera decisión09 Oct 2021 | 7:33 h

Raúl Tola

La promesa autoritaria02 Oct 2021 | 7:13 h

Raúl Tola

Reporte desde Guadalajara25 Set 2021 | 23:15 h

Raúl Tola

Honor a los noteros18 Set 2021 | 8:09 h

La palabra vacancia

“En lugar de mostrarse diligente, cauto, plural y previsor, sus primeros pasos han revelado a un gobernante temerario...”.

Pedro Castillo ha decidido inaugurar su gobierno de la peor manera, confirmando todas las sospechas que su candidatura despertó en campaña y añadiendo otras nuevas.

Todavía no comenzaba su mandato y los mensajes eran preocupantes, comenzando por su injustificada demora en reunir un gabinete que jurara el mismo 28 de julio. En una situación de crisis sanitaria, económica y política como la que atraviesa el país, mantener ministerios descabezados e inactivos es de una irresponsabilidad inexcusable, asesina, además de una prueba de improvisación, ausencia de liderazgo y falta de sentido de la urgencia.

A eso se ha sumado la decisión de nombrar presidente del Consejo de Ministros a un misógino, homofóbico, defensor de dictaduras, abierto simpatizante de Sendero Luminoso e investigado por apología del terrorismo como Guido Bellido, un gesto enloquecido que aísla políticamente a Castillo, debilita su gobierno hasta la anemia y le cuelga una fecha de caducidad anticipada. Si este es su gabinete inaugural, ¿cómo serán los próximos?

Si algo han demostrado los dramáticos procesos políticos vividos por el Perú en los últimos 20 años es que los iluminados e insensatos que apuestan por la arbitrariedad, la incoherencia o la pura prepotencia, omitiendo las leyes, la opinión de las mayorías y la concertación están condenados al fracaso. Ese es el camino que ha escogido Castillo al bajar la cabeza frente a los delirios narcisistas de Vladimir Cerrón, resignando su rol de jefe del Estado, dándole la espalda a una amplísima mayoría del país y abriendo las puertas a una crisis terminal con solo 48 horas de gobierno. No nos equivoquemos: aunque Cerrón sea una parte importante de la ecuación, la responsabilidad es de Castillo.

De sobra se sabía que quien resultara ganador de las últimas elecciones generales enfrentaría desafíos descomunales. A los problemas de gestión de la coyuntura se sumaría la necesidad de unos consensos que garantizaran la gobernabilidad e interrumpieran el ciclo de descomposición política que se inauguró en 2016. Encima, ambos candidatos despertaban justificados recelos. Tanto Keiko Fujimori como Pedro Castillo estaban llamados a gobernar con prudencia para evitar la perpetuación de un escenario que tanto daño ha causado al país.

Castillo ha hecho lo contrario, cometiendo errores tan profundos en tan poco tiempo que parece imposible volver de ellos. En lugar de mostrarse diligente, cauto, plural y previsor, sus primeros pasos han revelado a un gobernante temerario, obtuso y pequeño que, en lugar de resolver los problemas, ha decidido agravarlos con su obcecación, sus torpezas y sus provocaciones. De paso, se ha echado en contra a aquellos sectores del país que le ofrecieron el beneficio de la duda o, sin abandonar las suspicacias, se limitaron a aceptar los resultados electorales. La palabra “vacancia” suena con fuerza.