Marisa Glave

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Primer movimiento

“¿Es Castillo un estratega que busca poner en jaque al Congreso y poner en evidencia los límites de la política dogmática de Cerrón? ¿Es Cerrón quien le impone las decisiones?”.

En una partida de ajedrez la primera jugada es una de las más importantes. Define la estrategia que el jugador piensa seguir y condiciona en parte la respuesta de su contrincante. Ayer, en la Pampa de la Quinua, el presidente Pedro Castillo hizo la suya con el nombramiento del premier.

No responde al canon político tradicional. No tenemos cómo medirla en comparación con jugadas previas. Podría decirse que, como él mismo, rompe con los esquemas establecidos. Esto evidentemente molesta no solo por las características del personaje, sino porque no queda clara la estrategia.

Bellido está inmerso en una investigación por apología al terrorismo y, si en el Perú fuéramos más serios en materia de lucha contra todo tipo de discriminación, su colección de declaraciones homofóbicas estaría también bajo investigación fiscal. Es evidente, además, que es una ficha de Vladimir Cerrón, quien, de manera pública y estridente, lo ha dicho con claridad desde sus redes. Quiere que sepamos que es su alfil.

Estos antecedentes hacen a muchos anticipar que el Congreso no le daría la confianza. El bloque opositor, que tiene como lema #TerrorismoNuncaMás, ¿cómo se la daría y mantendría a la vez su mantra contra la izquierda? Sería contradictorio. Y el bloque por la gobernabilidad tiene también serios límites. ¿Cómo darle la confianza si de arranque desconoce derechos esenciales de una población vulnerable? El grupo morado ya mandó un mensaje púbico oponiéndose a este nombramiento. Si esto era claramente previsible, nadie puede sensatamente imaginar una reacción diferente. ¿El objetivo es que no les den la confianza? No lo sabemos.

El Congreso tiene un dilema entre sus manos. Su respuesta puede ser desde el hígado —como la reacción absurda de Alva negando a Sagasti la entrega de la banda presidencial—, lo que le daría a Castillo, en menos de un mes, un 50% más de posibilidades de cerrar el Congreso en el marco de la Constitución. Esto vuelve menos simple la decisión. Ya hay voces que señalan que, si el Congreso le da la confianza, la papa caliente se queda en manos de Castillo, quien tendrá que demostrar cómo gobernará de la mano con un premier que parece más leal al presidente del partido que al presidente del gobierno.

¿Es Castillo un estratega que busca poner en jaque al Congreso y a la vez poner en evidencia los límites de la política dogmática de Cerrón? ¿Es Cerrón quien le impone las decisiones pese a que sabe que rompen puentes de un diálogo nacional cada vez más urgente? ¿O simplemente estamos frente a un gobierno con altos grados de improvisación que no logra medir los efectos de sus decisiones?

La respuesta la sabremos con el tiempo. Pero al momento de cerrar esta columna, ya había rumores de declinaciones de algunos voceados miembros del gabinete.