Mirko Lauer

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Observador
Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco twitter. Cero Facebook. Poemario más reciente, Sologuren (3ª edición Huerga & Fierro, Madrid). Próximo poemario, Las arqueólogas, en setiembre.

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Luces y sombras del mensaje

“Castillo no va a patear el tablero, pero sí va a introducir numerosas medidas polémicas en el juego. Por ejemplo aquellas que de facto parecen ir contra el rol subsidiario del Estado”.

Pedro Castillo ha hecho su tarea, con un mensaje articulado que en lo personal transmite su posición ante la historia del Perú, y en lo político lo ubica en un punto intermedio entre lo progresista y lo burocrático. Pero si se trataba de calmar las aguas, lo ha hecho muy a medias, con unos anuncios de cal y otros de arena.

Ha sido un texto ambicioso y optimista, que no reconoce límites a la gestión que comienza, abunda en ofertas costosas, en muchos casos se inclina por soluciones instantáneas a problemas muy serios, y otros simplemente los deja sin mencionar. En muchos temas complicados parece haberle corrido traslado al discurso del primer ministro ante el Congreso.

Sin embargo el mensaje no deja de ser informativo. Castillo no va a patear el tablero, pero sí va a introducir numerosas medidas polémicas en el juego. Por ejemplo aquellas que de facto parecen ir contra el rol subsidiario del Estado. En este y otros aspectos, es como si ya hubiera trazado las líneas de choque con varias mayorías del Congreso.

Es evidente que desde el punto de vista de Castillo resulta difícil separar progresismo de estatismo. Quizás por tratarse de un primer discurso, algunos de sus anuncios tienen las resonancias rotundas de un úkase. Quienes le alcanzaron propuestas no se tomaron la molestia de añadirles la mención de algunas necesarias consultas a los afectados.

Hay una coherencia en la aproximación a casi todos los sectores, aun si algunos son tocados al paso. Pero la ausencia de ministros en escena lleva a preguntarse si el mensaje se origina al 100% en Castillo mismo, si es un coworking de los equipos de transferencia, y si hay allí ideas de miembros del próximo gabinete.

Ya sabemos, entonces, más o menos qué es lo que Castillo quiere hacer desde el poder. Una parte parece factible, pero difícil de llevar a cabo. Otra parece casi imposible dentro de una institucionalidad democrática, y será la materia prima de un nuevo ciclo de conflictos políticos. No descartemos que en algunos casos vengan ajustes.

Pero en términos generales el rumbo está claro. Castillo no ha cedido a la tentación de la ultraizquierda, y se ha embarcado en la nave de sus propias tentaciones.