Mirko Lauer

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Observador
Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco twitter. Cero Facebook. Poemario más reciente, Sologuren (3ª edición Huerga & Fierro, Madrid). Próximo poemario, Las arqueólogas, en setiembre.

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Distanciamiento social

“Para el presidente, Palacio transmite una imagen de boato tradicional inconveniente para un gobernante popular”.

Pedro Castillo ha recibido a los jefes de Estado y de gobierno visitantes en el Centro de Convenciones ubicado en San Borja, donde además quiere juramentar a su gabinete. Las versiones sobre esto sostienen que para el presidente Palacio transmite una imagen de boato tradicional inconveniente para un gobernante popular.

Una explicación de estas decisiones es que Castillo llega incómodo con el aparato físico de la presidencia. Más todavía cuando han empezado algunas críticas a su uso de sombrero bajo techo. Esta primera fuga de Palacio es sintomática, y no descartemos que venga seguida de otras, en la construcción simbólica de una imagen diferente.

Si esto es así, ¿hasta dónde piensa llevar ese rechazo? Podría acomodarse, y reducir las actuaciones en Palacio al mínimo, con lugares menos ostentosos para sus presentaciones más importantes. Así, iría desplazando sus funciones más públicas hacia otros espacios, en una suerte de presidencia móvil orientada hacia la modestia.

En otros decenios hubo propuestas para trasladar la sede de gobierno de la Plaza Mayor a otro inmueble, pero los argumentos fueron prácticos, sobre todo una mejor ubicación y un local más adecuado. Aunque también se consideró las ventajas de una imagen arquitectónica más moderna del principal recinto del Estado.

Puestos a cambiar, más radicales han sido las propuestas de trasladar la capital del Perú a otra localidad geográfica. Manuel Pardo jugó con la idea a mediados del XIX, pensando en Jauja. También Alan García hacia 1986, y antes de él Manuel Ulloa, con el Cusco en mente. Como es de conocimiento público, nada salió de esas ideas.

Quienes finalmente le encontraron una salida práctica a la cuestión de Palacio fueron los ministros, con sus reuniones de gabinete fuera de la capital, como venias a la descentralización. Para los gobernadores regionales esas han sido importantes ocasiones para dejarse oír por el gobierno central, y de paso captar algo de bienvenida publicidad.

¿Cómo recibirá la población la resistencia de Castillo a algunas tradiciones menores de su cargo? Es probable que las opiniones se dividan entre conservadores y modernizadores, pero no será este tipo de cambio el que más llame la atención. La norma es que el público se acostumbre rápido al estilo personal de un presidente.