Mirko Lauer

Mirko Lauer

Observador
Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco twitter. Cero Facebook. Poemario más reciente, Sologuren (3ª edición Huerga & Fierro, Madrid). Próximo poemario, Las arqueólogas, en setiembre.

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El mensaje

¿Qué debemos esperar del mensaje inaugural de Pedro Castillo? A pesar de que solo faltan unas 24 horas para escucharlo, casi todo en ese texto es impredecible. Pero tal vez hay algunos elementos que se prestan al pronóstico. Por ejemplo, que Castillo practica la brevedad, algo que nos ahorraría dos, y hasta tres horas de innecesario fárrago.

Podemos imaginar un consolidado de las promesas de campaña, ahora adecuadas a una situación presidencial, con el acento puesto en las tareas más urgentes (pandemia y economía). Quizás también escuchemos una revisión sectorial, necesariamente resuelta con trazos esquemáticos. Los tardíos nombramientos no dan para más.

Lo que más concita la curiosidad del país es cómo se va a ubicar Castillo en algo llamable un radicalómetro. Si va a mencionar su proyecto de Asamblea Constitucional, de paso o con insistencia. Si va a mencionar cambios que el sector privado puede considerar traumáticos. Si habrá anuncio de medidas sociales, o incluso populistas.

Sin duda habrá lugar para reiterar sus llamados a la unidad, que en cierta medida tendrán la forma de los resultados en la elección de ayer en el Congreso. Quizás se le ocurra incluir propuestas unitarias concretas. Sería razonable que algunas de ellas fueran tomadas en préstamo de otros sectores políticos, opositores o potenciales aliados.

Sería iluso esperar que el mensaje funcione como una divulgación completa de la figura política y de los planes de Castillo. Será el discurso de un gobierno que todavía parece estar en plena preparación. Esto va a significar vacíos y ambigüedades, así como párrafos alcanzados por otras personas, algo natural en este tipo de comunicación.

Un importante punto a favor de Castillo es la calidez que ya ha mostrado en otras presentaciones, y que ha sido clave para su victoria. Nadie le va a reprochar que se deslice hacia aspectos personales de su trayectoria. Al contrario. Sería un bienvenido contrapeso a la inevitable tensión del momento, y una señal de aplomo en medio de un terreno desconocido.

Con alguna excepción, en estos decenios no hemos tenido presidentes que fueran buenos oradores. De modo que la cota de exigencia no ha sido muy alta. Además en este caso el fondo del mensaje va a pesar mucho más que la forma.