Columnista invitado

Columnista invitado

La República

Más columnas

Columnista invitado

Educación: terrorismo y reforma magisterial21 Set 2021 | 7:23 h

Columnista invitado

Los verdaderos “….dignos”17 Set 2021 | 0:18 h

Columnista invitado

Ante la muerte de Abimael Guzmán13 Set 2021 | 14:01 h

Los otros

“Al incluir poca diversidad de portavoces (periodistas, panelistas o expertos) en nuestros medios de comunicación masiva, se vuelve imposible comprender las realidades cotidianas y aspiraciones de quienes habitan fuera de Lima”.

Santiago Dammert (*)

Un ejercicio frecuente durante la campaña electoral pasada ha sido el intento de entender el voto del “interior del país”, de “provincias” o “el sur” desde Lima. La voz prevalente en los medios de comunicación, principalmente basados en la capital, ha sido una de confusión y perplejidad. El discurso resultante, que se construye desde la distancia y se encuentra condicionado por los prejuicios, la ignorancia y el miedo, da forma a la imagen que reproducimos en nuestras mentes sobre quienes viven fuera de Lima, generando un imaginario territorial confuso y poco específico.

Con imaginario territorial me refiero a la imagen que los medios de comunicación masiva –impresos, radiofónicos y televisivos– crean sobre un lugar. Al ser la más difundida, se convierte en la identidad ampliamente aceptada de ese territorio, contribuyendo a dar forma a lo que el grueso de la población percibe sobre él. A su vez, define los términos en los que se conversa sobre ese lugar. En ese sentido y como bien decía el crítico cultural Stuart Hall, es muy difícil escapar de las definiciones del debate público que se encuentran en circulación, dado que todo lo que se diga luego se verá condicionado por ellas.

En el caso del Perú, estas definiciones se suelen crear de forma externa al objeto de discusión, sin incluir a personas que puedan entender al territorio desde adentro y a través de vivencias que respondan a otras realidades ajenas a la limeña. Cuando se habla de la situación en “el interior del país” es común ver a líderes de opinión limeños hablando sobre espacios y/o fenómenos de los cuales tienen poca experiencia o conocimiento, y hacia las cuales muchas veces muestran actitudes racistas o discriminatorias. Más aún, cuando se menciona a Lima y “provincias”, se habla de ambos territorios en oposición el uno al otro, agudizando las diferencias existentes. Este enfoque representa una grave limitante en cuanto a la descripción de lugares que son complejos y diversos, y que difícilmente pueden comprenderse con ligereza.

Consideremos las características que se le atribuyen al sur del Perú en los medios de circulación masiva. Para empezar, se suele agrupar al sur en un bloque geográfico monolítico, obviando las enormes diferencias entre regiones y provincias muy distintas y distantes entre sí. La mayoría de las noticias que se reportan sobre la zona a nivel nacional están vinculadas a desastres naturales y conflictos sociales, decretando a la región como atrasada, conflictiva y anti progreso, además de impredecible e inabarcable. La consolidación de esta imagen condiciona, a priori, cualquier información actual que se reciba sobre la zona, sesgando ineludiblemente la interpretación que sobre ella se haga.

Al incluir poca diversidad de portavoces (periodistas, panelistas o expertos) en nuestros medios de comunicación masiva, se vuelve imposible comprender las realidades cotidianas y aspiraciones de quienes habitan fuera de Lima, reduciendo la importancia de sus demandas y dificultando la generación de empatía. Partiendo desde una situación de ignorancia, resulta difícil entender al otro y generar un diálogo abierto y honesto, que no parta del miedo sino de la curiosidad.

La reacción mediática a la contienda política pasada es sintomática de este problema. En un contexto de gran polarización, se optó por privilegiar mayoritariamente al punto de vista de las élites por sobre cualquier otro grupo social. Esto causa un peligroso efecto de cámara de eco, que promueve la ignorancia sobre las necesidades de gran parte del país y compromete las posibilidades de reconocimiento mutuo. Hasta que no diversifiquemos la presencia mediática de manera más contundente, será imposible generar apertura hacia otras narrativas y construir imaginarios territoriales más ricos y complejos acordes a nuestra multifacética realidad nacional.

(*) Arquitecto