César Azabache

César Azabache

Hablando de justicia
Director de Azabache Caracciolo Abogados. Abogado especializado en litigios penales; antiguo profesor de la Universidad Católica y de la Academia de la Magistratura. Conduce el espacio de entrevistas legales “En Coyuntura” en la revista La Ley. Es miembro del directorio de la revista Gaceta Penal y autor de múltiples ensayos sobre justicia penal.

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Paraíso reclamado

“Creí que el ‘estado de la naturaleza’ era un mito hasta ver cómo nos hemos comportado en este último ciclo. Ahora comienzo a pensar que es la construcción que mejor describe lo que nos estamos haciendo”.

La teoría política de la república se constituyó sobre un mito al que reconozco una enorme energía poética: el “estado de la naturaleza”. Sea cual sea la imagen de la humanidad que haya defendido cada autor desde Hobbes, la comunidad política resulta siempre de abandonar una situación de absoluto desencuentro con base en un acuerdo establecido para hacer posible la cooperación de personas diferentes que necesitan confiar para poder sobrevivir. Pero debo corregirme. Creí que el “estado de la naturaleza” era un mito hasta ver cómo nos hemos comportado en este último ciclo. Ahora comienzo a pensar que es la construcción que mejor describe lo que nos estamos haciendo.

Esta nota se publica el 25 de julio, tres días antes del bicentenario. Se publica en un país que llega hasta aquí después de una de las pandemias más crueles del planeta. Contamos casi 200 mil muertes en casi año y medio. Regreso sobre esto, una evidencia compartida, porque sigue pareciéndome intolerable que estas muertes no hayan sido suficientes para establecer al menos un punto de acuerdo en medio de la guerra poselectoral que hemos vivido: asegurar la continuidad del calendario de vacunas.

Quiero explicarme. Trabajo con herramientas legales. En la forma en que lo concibo, el sistema legal existe para intentar que el lenguaje y la comunicación den una forma manejable a las controversias de interés que surgen en las relaciones entre personas y colectivos. La idea del sistema legal es que las controversias sean estructuradas narrativamente; estandarizadas para ser resueltas por autoridades imparciales con base en leyes. Las leyes son acuerdos institucionales adoptados por el sistema político. El sistema legal supone un sistema político capaz de lograr acuerdos. Pero si el sistema político no es capaz de ponerse de acuerdo ni siquiera en algo tan evidente como la necesidad de contener tantas muertes, entonces hemos tocado fondo. Entramos al bicentenario sin el mínimo necesario para confiar en que podemos alcanzar equilibrios institucionales mínimos.

En junio de este año Mauricio Zavaleta publicó en El Comercio una columna que partía de una constatación imposible de soslayar: “El consenso del 2000 se agotó y ya no alumbra”. En esa columna Zavaleta se refiere a las bases desde las que se edificó el ciclo 2001/ 2021; los acuerdos políticos establecidos en la transición de Paniagua, después de la debacle del régimen de los 90. Esos consensos están agotados, y creo que no reconocer ese agotamiento en los hechos recientes solo puede ser resultado de un ejercicio de negación insostenible.

Tenemos que ponernos de acuerdo sobre la prioridad que merece el calendario de vacunación. Y tenemos que aceptar que el modelo de referencia con el que hemos estructurado nuestra vida política en estos último 20 años se ha agotado. Necesitamos, con urgencia, construir un ambiente de equilibrio que nos permita encontrarnos al menos en un acuerdo mínimo, como condición para poder volver a pensarnos.

Un acuerdo básico sobre la prioridad del calendario de vacunación funcionaría incluso si se alcanza el mismo 28, el día que comienza el siguiente ciclo político. Funcionaría mejor si además se acompaña de un acuerdo sobre la prioridad que debemos conceder a la educación y al empleo. Funcionaría mejor si viene acompañado de una Mesa Directiva en el Congreso que asegure una investidura no interrumpida violentamente. Funcionaría mejor si el presidente investido proclamara un gabinete no disruptivo; uno que abra el camino para lograr lo que esta historia de 20 años que ya termina no logró: convertirnos en un colectivo político en forma; uno capaz de vivir con base en acuerdos.

No tendría que ser tan difícil.