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Presente griego

“En estos doscientos años de vida republicana, la arqueología nos concedió buenas noticias, diseñó nuestra identidad nacional y aportó los destinos y epicentros para el desarrollo del turismo en el Perú”.

Este lunes 26 de julio, vísperas del Bicentenario, el templo fortificado de Chankillo y las Trece Torres serán reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad... y como el observatorio astronómico “vivo” más antiguo del mundo. Este galardón tardó más de una década de gestiones y de arduas tareas de investigación y conservación a cargo de un equipo de arqueólogos liderado por Iván Ghezzi con el apoyo de la World Monuments Fund.

En estos doscientos años de vida republicana, la arqueología nos concedió buenas noticias, diseñó nuestra identidad nacional y aportó los destinos y epicentros para el desarrollo del turismo en el Perú: Machupicchu, Cusco, los geoglifos de Nasca y Palpa, El Señor de Sipán, Las Huacas del Sol y de la Luna, Kuélap, Pachacámac, La Dama de Ampato y ahora Chankillo (en Casma) son pruebas elocuentes de la importancia de la ciencia arqueológica.

Sin embargo, para el Gobierno de Francisco Sagasti esto es nada.

Primero fue el reciente maltrato que recibió el Dr. Walter Alva como director fundador del Museo de las Tumbas Reales del Señor de Sipán al que despidieron sin pena ni gloria por un trámite burocrático que se pudo remediar.

Luego vino la patética involución del Museo Nacional de Arqueología (MUNA). Diseñado originalmente para estar al nivel de los grandes museos arqueológicos de Egipto, Grecia, México y otras cunas de civilización; durante la administración Sagasti el MUNA terminó convertido en un museo nacional que repetirá el mamarrachento modelo del Museo de la Nación creado por Alan García en las antiguas instalaciones del Banco de la Nación.

Por si fuera poco, el Ministerio de Cultura acaba de aprobar, entre gallos y medianoche y a pocas horas del cambio de Gobierno, un nuevo Reglamento de Organización y Funciones (ROF) que enterró la función de los arqueólogos a los estratos más oscuros y profundos del organigrama del MINCU.

Los arqueólogos están indignados, pero los más sorprendidos son los miembros del equipo revisor nombrados por el presidente electo Pedro Castillo para la transferencia de funciones en el Mincu. Lo sienten como un presente griego y siguen sin entender por qué tuvieron que esperar el último día para modificar el ROF y afectar así al equipo sucesor.