Marisa Glave

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Profecías autocumplidas

“No asume aún Pedro Castillo, pero ya se han llevado parte importante de sus fondos fuera del país. Han paralizado varias inversiones y se suman al coro de quienes...”.

A veces pasa que, aunque el resultado sea malo y nos haga daño o afecte gravemente a otras personas, hacemos todo para que una mala profecía se cumpla. Antes que reconocer un error de juicio o buscar un cambio de tendencia para provocar una resolución diferente, ponemos todo nuestro empeño, desde una lógica destructiva, para que el peor desenlace ocurra.

En la vida política, particularmente en escenarios de alta polarización, es algo común. La animadversión que se genera entre quienes se ven como enemigos políticos más que como adversarios hace que el resentimiento prime antes que la racionalidad. Cargados de cinismo, se provoca la peor reacción posible del otro, se ponen trampas, se agudizan diferencias.

Esta lógica, tristemente, nos lleva a los peores escenarios. Liderazgos dialogantes y constructivos son dejados de lado o cuestionados, primando los más disruptivos, los del discurso beligerante. Lo importante es ganar la guerra. Demostrar que teníamos razón. Apelar a los instintos más básicos, como el miedo o el egoísmo, en detrimento de los que requieren un nivel mayor de compromiso, como la confianza o la solidaridad.

Y estamos ad portas de hacerlo otra vez, en pleno bicentenario. Para un sector de la derecha política y económica –no son todos, pero sí los que tienen mayor vocería– el triunfo del “comunismo” supone la crisis económica del país. Seremos Venezuela, no hay otro futuro posible. No asume aún Pedro Castillo, pero ya se han llevado parte importante de sus fondos fuera del país. Han paralizado inversiones y se suman al coro de quienes desconocen la legitimidad de la elección presidencial. Están esperando, casi salivando, para atacar al presidente desde el día uno. Quieren probar que tienen razón y harán todo para que así sea. Aunque esto nos cueste a todos y mucho. Este sector gana legitimidad cuando encuentra eco al otro lado. Algunas voces, pocas aunque estridentes, que descalifican cualquier intento del entorno del presidente Castillo de diálogo. Sea con el empresariado o con otros sectores políticos. Este diálogo se presenta como sinónimo de debilidad, y se anuncia como una traición. Buscar convencer de reformas económicas centrales no es algo aceptable, tampoco convencer de reformas políticas.

Los cambios no son fáciles, requieren mucho esfuerzo. Cuando son para conquistar derechos suponen siempre conflicto porque hay cuotas de poder que cambian. Pero para que sean sostenibles requieren legitimidad y por eso es central conquistar una nueva mayoría, lo que demanda mucha capacidad de convencimiento más que de imposición. Ojalá el primer gabinete de Pedro Castillo muestre esta vocación de cambio con construcción de legitimidad. Esto ayudaría a que quienes buscarán a toda costa que su gobierno fracase queden como lo que son, fundamentalistas que prefieren su sinrazón.