Mirko Lauer

Mirko Lauer

Observador
Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco twitter. Cero Facebook. Poemario más reciente, Sologuren (3ª edición Huerga & Fierro, Madrid). Próximo poemario, Las arqueólogas, en setiembre.

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El golpe avisa

“Los asaltos refuerzan los objetivos inmediatos de Fuerza Popular, al intensificar un clima de zozobra que busca traducirse en una demora de la proclamación de Pedro Castillo”.

Es cierto que la asonada del miércoles dio la impresión de querer atacarlo todo. Pero una parte tiene una penosa carga simbólica. El asalto al vehículo del ministro de Salud puede asustar a quienes todavía no han concurrido a los vacunatorios. Los maleantes que lo perpetraron se preocuparon de usar mascarillas, en verdad máscaras para disfrazarse.

A la mañana siguiente Keiko Fujimori condenó los ataques, planteó que no tienen nada que ver con las marchas pacíficas de protesta, y pidió que se identifique a los culpables. Si su indignación es sincera, constituye el reconocimiento de que ella ha perdido el control de la protesta en las calles, donde hay una delincuencia haciendo su propio juego.

Sin embargo los movilizados pacíficos del fujimorismo han coincidido repetidamente con los vándalos, y suponemos que puede resultarles sencillo identificarlos, y denunciarlos. Hasta ahora no tuvieron muchas ganas de hacerlo, pero ahora Fujimori misma tácitamente se reconoce como una víctima de esos desmanes. Frente a eso haría bien en retirar a sus simpatizantes de las calles.

En cualquier caso los asaltos refuerzan los objetivos inmediatos de Fuerza Popular, al intensificar un clima de zozobra que busca traducirse en una demora de la proclamación de Pedro Castillo. Cuando el fracaso de los abogados ya es evidente, los violentistas han escalado su actuación, y pasado al centro de la escena.

Hechos como los del miércoles son la versión exacerbada de lo que ya se venía produciendo esporádicamente por un buen tiempo. Un objetivo evidente es amedrentar a los amedrentables. Pero otro es provocar una respuesta parecida desde las fuerzas de Castillo, y empezar a influir desde ahora en el escenario de la postjuramentación.

La continuación de este tipo de violencia hasta después de julio también va a buscar arrastrar al nuevo gobierno hacia la represión. Algo que debilitaría la gestión de Castillo desde la partida.

La otra idea es que la violencia callejera desacredita a un Perú Libre que aparece atado de manos, y en esa medida incapaz de impedir que le arranchen la victoria de las manos en la última hora. En esto los maleantes están jugando en pared con algunos de los sectores negacionistas de terno oscuro, que hoy hurgan recursos al fondo de una olla vacía.