Mirko Lauer

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Observador
Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco twitter. Cero Facebook. Poemario más reciente, Sologuren (3ª edición Huerga & Fierro, Madrid). Próximo poemario, Las arqueólogas, en setiembre.

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Escarapela de julio

“Si lo del 2020 fue una ceremonia de expectativas epidemiológicas, lo de este año será una fiesta de las expectativas políticas de la población, las esperanzadas y las frustradas”.

Avanzamos hacia unas Fiestas Patrias complicadas. Con el país polarizado, el gesto patriótico tendrá problemas para aparecer unitario, y los nuevos niveles de pobreza aportarán una pizca de ironía a esas celebraciones. La coincidencia con el Bicentenario va a teñir de política las previsibles evocaciones históricas.

Las Fiestas Patrias del año pasado fueron atípicas. Todavía estaba en auge la política de cuarentena. Tanto así que fue suspendido el desfile militar. Los rituales protocolares se mantuvieron, pero en espacios prácticamente desiertos. Con las reuniones prohibidas, las celebraciones fueron familiares, en el mejor de los casos.

Con la pandemia algo más relajada, este año no habrá cancelación de actividades, y por lo menos en la superficie las Fiestas Patrias volverán a ser el acontecimiento en el que todos podremos reconocernos. Aunque nada garantiza una suspensión temporal de los enconos políticos, no los imaginamos opacando el sentido de las fiestas.

Aun así, es muy probable que las divergencias políticas encuentren su lugar en el Congreso, con protestas en torno de la juramentación del nuevo gobierno. Si lo del 2020 fue una ceremonia de expectativas epidemiológicas, lo de este año será una fiesta de las expectativas políticas de la población, las esperanzadas y las frustradas.

Las Fiestas Patrias pasadas estuvieron marcadas por el miedo a enfermedad y muerte que todavía eran incomprensibles. Las de este año traen una marca de curiosidad por el elenco de gobierno que va a presentarse en sociedad, y por lo que podrá significar que el partido perdedor no reconozca la victoria electoral de Pedro Castillo.

Respecto de lo anterior, pesará mucho en el clima de las Fiestas Patrias el sentido del mensaje que Castillo dirija a la nación el día 28. Un mensaje adelantado será la lista de ministros fijos que empiece a circular luego de la proclamación. Allí comenzarán las seguridades para unos y la polémica para otros.

La celebración del Bicentenario quizás pierda mucho lustre con la avalancha de ruido político iniciada el siete de junio pasado. No debería ser así, puesto que en el fondo también se conmemoran dos siglos de fuerte conflicto político, que a su modo fue construyendo la nación. Pero quizás no es eso lo que se quería recordar en un inicio.