Pedro Salinas

Pedro Salinas

El ojo de mordor
Periodista y escritor. Ha conducido y dirigido diversos programas de radio y tv. Es autor de una decena de libros, entre los que destaca Mitad monjes, mitad soldados (Planeta, 2015), en coautoría con Paola Ugaz. Columna semanal en La República, y una videocolumna diaria en el portal La Mula. En Twitter se hace llamar @chapatucombi.

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Per-dis-te

“Uno no puede ser demócrata solamente cuando la democracia nos favorece. Las reglas de juego son claras, y no pueden saltarse a la torera. La legalidad se respeta lealmente...”.

Perdiste, Keiko. Per-dis-te. No sé cómo, pero tienes que aceptarlo. Aunque, es verdad, ya adelantaste el sábado que no piensas hacerlo pese a que firmaste un compromiso importante, donde está tu palabra empeñada.

“Dicen que en pocas horas o días van a consumar el fraude en mesa, y nosotros les decimos que no vamos a aceptarlo”, has expresado desde tu negacionismo más disparatado y enajenado. Y créeme, si hubiese algún atisbo de fraude, estaría de tu lado, defendiendo tus derechos. Pero no ha sido el caso.

Hasta ahora lo único que has hecho es utilizar esa gruesa palabra sin aportar pruebas concluyentes, ni una sola, pese a que los observadores de la OEA, el Departamento de Estado, así como otras instituciones han manifestado, con conocimiento, que hemos tenido unos comicios limpios y transparentes. Y hasta ejemplares. Encima eso.

Dices también que “el partido no ha acabado” y que al comunismo hay que combatirlo. Y mira, sobre esto último estoy totalmente de acuerdo contigo. Creo, como tú, que al comunismo y a ese execrable “socialismo del siglo XXI” hay que enfrentarlos decididamente, pues transforman a los países en mendigos y los desintegran desde su dirigismo estatal, su burocracia y su corrupción.

Creo, también, y ahí no sé si pensamos igual, que cualquier sistema comunista, fascista, integrista o autoritario, destruye a los pueblos.

En cuanto a tu metáfora deportiva, te equivocas rotundamente. El partido ya acabó, y ganó tu contendiente Pedro Castillo, quien, te cuento, tampoco me gusta un pelín. Ojo, no porque sea comunista o algo por el estilo, sino porque me parece chicha, apocado, y no da la talla para lo que se le viene, que es gobernar a un país arrinconado por la pandemia y la crisis económica. Fíjate que a mí no me da miedo que se vuelva un dictador, porque no tiene las herramientas para serlo. Castillo será, eso sí, un gobernante precario y presumo que sin ideas. Sin ideas ni equipo propio, lo que augura un gobierno caótico y desnortado.

Pero él venció en las elecciones. Y si somos democráticos, ese penoso resultado hay que reconocerlo y asumirlo. Aunque no nos guste nadita. Espero que estés a tiempo de recapacitar, y que tu bravata se quede en lo que fue: una patética anécdota.

Uno no puede ser demócrata solamente cuando la democracia nos favorece. Las reglas de juego son claras, y no pueden saltarse a la torera. La legalidad se respeta lealmente. Y a las instituciones, también.

Si el JNE dice en estos días que ganó Pedro Castillo, tu rol como demócrata debiera ser aceptar tu derrota y hacer una oposición constructiva. Quizás, más adelante, llegue tu oportunidad. Ahora triunfó Castillo.