Mirko Lauer

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Observador
Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco twitter. Cero Facebook. Poemario más reciente, Sologuren (3ª edición Huerga & Fierro, Madrid). Próximo poemario, Las arqueólogas, en setiembre.

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Señora fraude

“La campaña del fraude recibirá su golpe final el día que Castillo sea proclamado presidente. A partir de allí ese discurso, que incluye el pedido de revisión universal de toda la elección, solo existirá como una suerte de culto a la jefa de FP”.

Las declaraciones de Keiko Fujimori todavía tácitamente postulan que ella realmente ha ganado la elección. ¿Para quién son esos mensajes? En parte buscan que quienes votaron por ella, y ahora ya están incómodos por la secuela irracionalista, se sigan alejando del fujimorismo duro.

Además de conservar lealtades en la derrota, hay otros objetivos: asustar autoridades electorales, animar uniformados incautos, echar lodo adelantado a la inminente proclamación de Pedro Castillo, conservar el monopolio político de la palabra fraude, que otros codician.

Los observadores de dentro y fuera del país coinciden en que la campaña de acusaciones sin pruebas a Patria Libre (incriminaciones que ahora Mario Vargas Llosa ha extendido hasta Francisco Sagasti) va a ser, más temprano que tarde, una zancadilla a la democracia en el Perú.

Los intentos de demolición de Castillo van a asumir diversas formas. Pero en casi todas ellas será clave para Fujimori mantener en el ambiente político una narrativa del fraude y de la ilegitimidad, que comenzó desde que los votos empezaron a ser contados.

A mediano plazo esta actitud de negación de la victoria de Castillo va a mantener a Fujimori en la contraproducente casilla de la candidata eternamente derrotada. Otros sectores de la derecha ya se están moviendo hacia argumentos opositores más modernos.

La oposición que tomará la posta en Fiestas Patrias se va a concentrar en la crítica a las propuestas del gobierno. Un sector duro lo hará como resistencia a lo que ve como un peligro comunista; otro menos fundamentalista pondrá el acento en los defectos de la gestión misma.

La campaña del fraude recibirá su golpe final el día que Castillo sea proclamado presidente. A partir de allí ese discurso, que incluye el pedido de revisión universal de toda la elección, solo existirá como una suerte de culto a la jefa de Fuerza Popular.

Fujimori debería desprenderse ya de su entorno de abogados y políticos predicadores del fraude, y empezar a presentarle a la ciudadanía técnicos capaces de delinear sus propias alternativas de gobierno. En los tiempos venideros va a haber mucho espacio para la oposición, pero muy poco para los que se queden fijados en el rincón de los intransigentes.

Seguir con esa cantaleta es una forma de rendirse al pasado.