Irma Del Águila

Irma Del Águila

Por ahí
Socióloga y narradora. Exdirectora académica del programa “Pueblos Indígenas y Globalización” del SIT. Observadora de derechos humanos por la OEA-ONU en Haití. Observadora electoral por la OEA en Haití, veedora del Plebiscito por la Paz en Colombia. III Premio de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro por “El hombre que hablaba del cielo”.

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Fuerza Popular sospecha de Arsenio Lupin

“Más allá del papelón ante la prensa internacional y la OEA, Fuerza Popular tiene que rendir cuentas al país. No basta con sugerir la incursión de Arsenios Lupin”.

La opinión pública sigue esperando que Fuerza Popular produzca una evidencia material luego de semanas de alegatos y de inestabilidad política. Hasta ahora ni una sola persona ha denunciado suplantación de identidad en una mesa.

En la mayoría de los 270 recursos de nulidad FP alega firmas falsificadas de miembros de mesa, pero sin presentar evidencias, más allá de afirmar que las firmas de estos en las actas de sufragio “no se parecen” a las firmas en sus respectivos DNI.

El criterio de FP para decir que las firmas “no se parecen” es arbitrario. Y lo cierto es que la firma de una persona cambia con el paso de los años. Incluso, es posible que la firma de un miembro de mesa cambie en cuestión de horas: sí, que la firma en el acta de sufragio sea distinta a la registrada en el acta de instalación. Con el pulso fatigado o el tedio, una autógrafa al final del día puede devenir en una rúbrica apurada.

Para determinar si una firma es apócrifa no es suficiente una opinión “al ojo”. Se necesita de un perito calígrafo que someta a la persona a una rigurosa prueba de escritura. Esto no ha ocurrido.

Aceptar el argumento espúreo de “me parece” que las firmas son falsas haría irrealizable cualquier elección en el mundo. De ahí que el derecho electoral interponga el principio de preclusión: salvo excepciones previstas en la ley, cada etapa electoral se cierra y no se aceptan denuncias extemporáneas. El fallo No. 05448 del Tribunal Constitucional reafirma la preclusión de las etapas electorales y la “seguridad jurídica” que protege a toda elección. En cristiano, no se pueden sacar conejos de la chistera de forma indefinida.

Pero tampoco basta que la firma de un miembro de mesa “parezca” falsa para anular una mesa. Tendría que probarse la vulneración de la voluntad popular. Si en las mesas donde se alegan “suplantaciones” hubo personeros de FP y no se registraron irregularidades, ¿cómo afirmar que se cambiaron votos?, ¿se insinúa una mano prestidigitadora alterando los resultados en las actas ante los ojos de personeros y miembros de mesa que además contaron y firmaron? Para FP cientos de mesas habrían sido intervenidas sin que se sepa cómo ni cuándo. FP tendría que buscar los trazos del paso de Arsenios Lupin, émulos del famosísimo ladrón y escapista, por aquellas mesas de sufragio.

El JNE viene rechazando los recursos de nulidad por firmas falsas ante la falta de “medios probatorios” y porque “tampoco configura la existencia de fraude electoral”.

Pocos días después de las “denuncias” de Keiko Fujimori, La República publicó los testimonios de 16 miembros de mesa en Huancavelica que la desmentían. No hubo réplica: ya no se molesta en sostener lo que nunca existió.

De ahí que Daniel Córdova terminara retando el principio de realidad: “No necesito pruebas para decir que hay indicios de fraude”. Y con ese talante errático viajó a Washington a pedir una auditoría de la OEA.

Más allá del papelón ante la prensa internacional y la OEA, Fuerza Popular tiene que rendir cuentas al país. No basta con sugerir la incursión de Arsenios Lupin.