Raúl Tola

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El portazo de la OEA

“Los organismos internacionales nunca dicen las cosas frontalmente. Por el contrario, manejan un complejo código de sutilezas, mensajes implícitos y sobreentendidos...”.

Aunque buscaba fortalecerla dándole vuelo internacional, la aventura de Nidia Vílchez, Daniel Córdoba, Nano Guerra García y Jorge Montoya, que visitaron Washington para presentar sus quejas y alegaciones ante la Organización de Estados Americanos (OEA), más bien ha terminado por agotar la narrativa de fraude que han venido impulsando Fuerza Popular (FP) y sus allegados.

Mucho se ha hablado de la improvisación con que Vílchez, Córdoba, Guerra García y Montoya realizaron este viaje. Sorprendió que no fueran recibidos en la sede de la organización, que tuvieran que entregar su documentación por las rendijas de una puerta falsa y que coronaran la visita con una conferencia de prensa a sala vacía. El comentario general es que ofrecieron una imagen lamentable y que, además de ahorrarles el dinero de los pasajes, un correo electrónico hubiera sido igual de eficiente.

Lo que no se ha dicho es que todo esto ocurrió por decisión expresa de la propia OEA. Como explicó esta semana Juan Jiménez Mayor, exembajador del Perú ante esta entidad, los organismos internacionales nunca dicen las cosas frontalmente. Por el contrario, manejan un complejo código de sutilezas, mensajes implícitos y sobreentendidos.

Al impedirles ingresar a su sede, hacer que los atendiera un funcionario de cuarto nivel y obligarlos a dejar sus cartas e informes como lo haría un empleado de mensajería, la OEA fue explícita y tajante. Con su silencio y aparente indiferencia dio un mensaje de absoluto respaldo a las conclusiones de su misión de observadores (que dijo no haber encontrado graves irregularidades en segunda vuelta, felicitó la participación del pueblo peruano y dio su reconocimiento al trabajo de las autoridades electorales). Esto clausura el camino para nuevos recursos provenientes de FP, como una solicitud de auditoría.

Cerrado este episodio, podemos sacar varias conclusiones. En primer lugar que, a pesar de su debilidad, de sus errores, de albergar a personajes como Luis Arce Córdoba y de haber sido sometido a un fuego graneado durante la campaña, que incluyó maniobras de hostigamiento contra los magistrados del JNE y el jefe de la ONPE, nuestro sistema electoral no llegó a quebrarse. En segundo lugar, que la proclamación de Pedro Castillo como presidente es inminente, lo que abrirá las puertas a una nueva etapa de fiscalización y cuestionamiento al gobierno entrante. Tercero, que las preocupaciones de FP y su entorno dejan de ser electorales y vuelven a ser penales. Y cuarto, que la lucha política se traslada a otros escenarios como el Congreso —que es capaz de cualquier cosa de aquí al 28 de julio y será una fuente de permanente inestabilidad— y a las calles, donde manifestaciones como el discurso ofrecido esta semana por Alfredo Barnechea tratarán de cobrar forma.